“El régimen buscaba la despersonalización y la destrucción de la autoestima”

Por Secretaría de Prensa y Difusión

APDH La Plata

(11MAYO2010) La audiencia del juicio oral y público en el que se juzga la responsabilidad de catorce agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense de la Unidad Penal Nº9 que prestaron servicios durante la última dictadura cívico-militar se reanudó pasadas las diez de la mañana y tuvo, entre otros testimonios, el del actual canciller Jorge Taiana, víctima del terrorismo de Estado en aquella unidad carcelaria.

Taiana había sido secuestrado el 26 de junio de 1975 y había permanecido detenido en la Superintendencia de Seguridad y en la cárcel de Devoto antes de ser trasladado a la Unidad 9 de La Plata en octubre de 1976, junto a un grupo de detenidos en su misma condición. Allí permaneció hasta que lo trasladaron al penal de Sierra Chica, en diciembre de 1978.

Al igual que los relatos de testigos que ya han declarado por la causa, el canciller hizo alusión a la violenta requisa del 13 de diciembre de 1976, hecho que “marcó un cambio de régimen adentro del Penal” y produjo una reclasificación de los internos en los diferentes pabellones. En tal sentido, Taiana relató que los presos fueron divididos en tres categorías. “A mi me mandaron al que llamaban ‘de irrecuperables’”, afirmó el testigo.

En otro orden, el canciller se refirió al caso de Dardo Cabo y Rufino Pirles: “ellos eran los presos más importantes dentro del penal por su grado de militancia, por eso fueron los primeros”, aseveró.

Cabo y Pirles habían recibido una orden de traslado el 5 de enero de 1977 y, según la explicación oficial, fueron masacrados tras efectuar un intento de fuga mientras eran conducidos al penal de Sierra Chica. Taiana aludió al hecho al confesar que en aquel entonces “aun no se unía la posibilidad de traslado a la de exterminio” y que “por eso se salía a los traslados sin resistencia alguna”.

Según el testigo, fueron sus familiares quienes le contaron sobre la muerte de sus compañeros y a partir de ese hecho comenzaron las sospechas hacia los traslados. “Luego me enteré que en esa misma fecha, 5 de enero, se habían efectuado traslados en la ESMA”, confesó Taiana. “Lo de Cabo y Pirles no era un caso aislado, sabíamos que se iba a repetir”, agregó.

Y así fue. Tres semanas después se llevaron a Julio César Urién y a Ángel Georgiadis en una ambulancia hacia el Regimiento 7. El testigo contó que el traslado de Urién se frustró ya que el hermano de éste había ido a visitarlo justo en ese momento. “Te salvó un pescado grande”, le dijeron a Urién.

Taiana también refirió a los casos de Gonzalo Carranza, Guillermo Segalli y Miguel Domínguez, quienes habían permanecidos detenidos ilegalmente y fueron liberados en febreros de 1978. “Les dieron la libertad a la noche y a los días aparecieron muertos en una ruta”, aseveró el testigo. Y concluyó: “mientras estuvieron detenidos, nuestro principal esfuerzo había sido evitar que los mataran”.

“¿Por qué cree que Dupuy, director del penal en aquel entonces, podía oponerse a una orden militar?”, le preguntó el abogado defensor Dr. Siserio al testigo. Y Taiana respondió: “primero, porque el director de un penal es el que traza las directivas, y segundo, porque luego de las primeras muertes no había duda de que los traslados terminarían como el caso de Cabo y Pirles”.

Respecto a las celdas de castigo conocidas como “chanchos”, Taiana aseguró haber estado allí unos días, haber sido desnudado, golpeado y obligado a ducharse bajo agua helada. “Las sanciones tenían que ver con un mecanismo de control y con un régimen que buscaba la despersonalización y la baja de la autoestima que, en muchos casos, terminó en suicidios”, puntualizó el testigo.

De 1 y 60 a la requisa

El segundo testigo en prestar declaración indagatoria ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº1 de La Plata presidido por el Dr. Carlos Rozansky fue Roberto Páez, secuestrado y detenido en abril de 1976.

Durante los dos primeros meses de su detención, Páez permaneció secuestrado en 1 y 60 hasta ser puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y enviado a la Unidad Penal Nº9, en julio de ese mismo año.

“Había que salir agachado, mirar hacia abajo y correr por el pasillo”, relató Páez sobre la famosa requisa del 13 de diciembre de 1976 que inaugura un nuevo régimen dentro del penal. Según el testigo, “los golpeadores se ubicaban a los costados y los sacaron a todos al patio, donde había una guardia armada de uniformes verdes”. “Cuando volvimos a las celdas nos habían roto todo”, agregó.

Respecto a las sanciones, Páez aseguró que “por cualquier nimiedad se terminaba en el calabozo”. Incluso relató un episodio en el que un oficial lo mandó a los “chanchos” porque “lo había mirado mal”. En esa oportunidad, el testigo recordó que Fernández había sido el encargado de la terrible tortura que consistió en golpes constantes en las plantas de los pies. En tal sentido, pudo esbozar otros motivos de sanción: solicitar un vaso de agua, un colchón, o pedir repetir un plato de comida.

Luego de un cuarto intermedio, fue Luis Eduardo Bloga el tercer testigo en prestar declaración indagatoria en la sede de la ex Amia.

Antes de permanecer detenido en la Unidad Penal Nº9, el testigo lo había estado en 1 y 60 entre el 28 de mayo y el 30 de agosto de 1976 y, hasta ese entonces, había trabajado en Astilleros Río Santiago.

Respecto a la requisa que abre camino al régimen de Abel Dupuy, Bloga la recordó entre golpes, corridas, tiradas al piso y pérdidas de todas las pertenencias que guardaban en sus celdas.

Por otro lado, también refirió a las celdas de castigo conocidas como “chanchos” considerando que “no se necesitaban motivos para terminar ahí”. “Tengo la certeza de que la vez que me encerraron fui llevado por el oficial Guerrero, pero acá no lo veo”, aseguró Bloga.

Ante la pregunta de uno de los abogados de la defensa, el testigo pudo dar cuenta de Raúl Aníbal Rebaynera y el oficial Guerrero, las dos personas que más lo golpearon y se ensañaron con él mientras estuvo en la Unidad 9.

En medio del testimonio, Bloga manifestó al Tribunal sentirse mal por no poder reconocer más que por nombre a los genocidas de aquella unidad carcelaria. Pero la fuerza del tiempo y de un dolor que lleva más de treinta años lo llenaron de coraje para mirar a cada uno de los genocidas, pararse y señalar al único rostro que recuerda: el de Ramón “Manchado” Fernández.

Llaves

“¿Así que ustedes son los que matan a los inocentes?”. Según Luis Ricardo Córdoba, el último testigo en prestar declaración, ésa era una de las preguntas más recurrentes durante las requisas comunes que les efectuaban a todos lo internos de la Unidad Penal Nº9. Requisas que consistían en hacerlos salir de las celdas sin ropas para robarles las pertenencias o cambiárselas de lugar. “Yo siempre salía muy golpeado de esas situaciones porque siempre me gustó mirar a los ojos a la gente y eso era un motivo de golpiza”, confesó Córdoba.

Pero hubo una violenta requisa que significó el cambio de régimen dentro del penal y no sólo consistió en los desnudos y en los robos sino en salir de las celdas, correr por el pasillo y soportar una golpiza. Fue la de la noche del 13 de diciembre de 1976.

Respecto a las celdas de castigo conocidas como “chanchos”, Córdoba aseguró haber escuchado hablar de ellas pero no haber sido alojado allí.

Por otro lado, el testigo sostuvo que “en el penal también hubo personas que fueron muy humanas y pude comprobarlo cuando me dieron la libertad”. En este sentido, Córdoba relató el momento de su liberación y las indicaciones que le dio uno de los guardias para llegar a la localidad de Berisso. “Un reflector me seguía y me enfocaba mientras caminaba”, recordó el testigo, liberado el 27 de septiembre de 1977.

Las torturas y tormentos sufridos por Córdoba y sus compañeros durante que terrorismo de estado que imperó en la Unidad Penal Nº9 durante la última dictadura cívico-militar continúa proyectándose en la memoria de las víctimas. No es novedad. Los relatos del horror lo confirman. “Cuando siento un llavero me acuerdo de cuando se llevaban gente, algunos volvían al tiempo, otros no. El movimiento de las llaves eran y son un tormento para mi”, confesó Córdoba.

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La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata es una organización no gubernamental cuyos objetivos son: Defender los Derechos Humanos en su acepción más amplia, contribuir a su enseñanza y a su difusión, dotar a esta temática de sólidos fundamentos jurídicos y académicos con una clara visión de futuro mediante la investigación y la docencia. Llevar adelante los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo. Llevar adelante el Juicio por la verdad, iniciado junto a otros organismos y particulares en 1998 ante la Cámara Federal de La Plata y a las causas penales derivadas del Juicio por la Verdad.

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