Analizando vivencias

Tras un cuarto intermedio de más de dos horas, se reanudó la audiencia con el testigo Mario Carlos Cervino en carácter de testigo. La victima comentó que llego a la Unidad 9 en Octubre de 1976 proveniente de la cárcel de Villa Devoto.  

POR SECRETARIA DE PRENSA Y DIFUSIÓN

APDH LA PLATA

 (31MAYO2010) No resultan sorpresivas las palabras del testigo al mencionar la requisa del 13 de diciembre de 1976 como un “hecho violento que reestructuró a toda la Unidad”.  En el mismo orden, pudo describir la tarde en la que marcó un antes y un después para los presos allí alojados:” Estaba en el pabellón 10, nos hacen salir de las celdas a los golpes y nos piden que hagamos dos filas. Mientras pasábamos por entre los guaricárceles nos golpeaban con lo que tenían en mano”, recordó Cervino.

 Ante la pregunta del Tribunal de cómo había cambiado el régimen dentro del penal, el testigo sostuvo que las requisas cada vez se hacían más duras, algo que se evidenció en la ferocidad de los penitenciarios. También recordó que cualquier pretexto era válido para  ir al calabozo.

 Con el paso del tiempo en la Unidad 9 la vida institucional parecía extinguirse: “desaparece la ley y cualquier tipo de norma “, mencionó el testigo a lo que agregó:”La lógica del funcionamiento institucional era la ausencia de la ley”.

 Muchos testigos han hecho especial hincapié en el maltrato psicológico que imponían los penitenciarios. Cervino fue una víctima más del plan siniestro que impulsó la dictadura cívico-militar, tanto en los Centros Clandestinos de Detención como en las cárceles.

 “Nos decían como debíamos hacer la cama, se tenia que hacer de una manera un día y otro día de otra. La sabana arriba o de costado, si lo hacías mal te ibas a los chanchos”, arguyó el testigo.

 A su vez, indicó que se  “buscaba la desorientación temporal, la despersonalización de los presos”. Un empuje interrumpido hacia el extremo individualismo “el sálvese quien pueda”, según el testigo.

 Recordó a Rebaynera, Dupuy, Peratta, Guerrero y Romero como agentes de la Unidad 9. Por otro lado, destacó el papel de los médicos: “Todo iba de la mano. Cuando nos torturaban o estábamos en el calabozo, nunca nos vió un medico .La otra  cara era la de hospital psiquiátrico de las peores características, constantemente nos ofrecían psicofármacos”.

 Tras años de prisión, Cervino recupera la libertad en 1983. Con ansias de orientar su vida luego de tantos golpes,  estudió Psicología en la UBA. Hoy es psicoanalista, docente e investigador.

 El final de su testimonio deja en claro el objetivo de la dictadura cívico-militar en nuestro país: “Todo conducía a evitar que pensemos, a despersonalizarnos, desmoralizarnos “. Generar la inestabilidad, la perdida de identidad, individualizarnos y romper la vinculación con los otros”, concluyó.

El miedo que acecha 

El sol comenzó a esconderse entre los árboles que rodean al edificio de la ex amia. El frío invernal se instaló en la ciudad mientras que Guillermo Ernesto Mogliner se sienta para prestar su testimonio. Dispara su relato: “Estuve detenido desde el 19 de junio de 1975, hasta fines de octubre de 1976 en Devoto, luego me trasladan a la Unidad 9. “Fue un traslado muy grande, tranquilo, ya que contó con la presencia de la cruz roja”.  Ni bien llagamos nos recibieron con golpes”.

Las historias se repiten, se cruzan, parecieran ser las mismas. Mogliner dijo que una vez preso secuestran a su hermano de 18 años, quién permanece desaparecido; una pausa enmudeció al salón por unos instantes. 

  “Compartíamos el recreo con el pabellón 8, la mayoría de la  gente que estaba allí, eran de Ledesma. Muchos eran peones, obreros de Surcos, uno de ellos era un cacique Wichì.”, prosiguió el testigo. “Sé que en el traslado hasta la U9 fueron terriblemente apaleados”, sostuvo.

  Golpes y requisas, esas fueron las protagonistas del 13 de diciembre de 1976.En referencia a ese día el testigo recordó que “Había una especie de silencio raro en la cárcel. Se presentía que algo iba a ocurrir”. 

 Luego describió como los guardiacárceles comenzaron a abrir las puertas para que salieran “con la cabeza gacha y las manos atrás” mientras las cachiporras golpeaban a todo aquel que pasaba por delante de ellos. 

En el  pabellón 4 estuvo alojado un tiempo, para luego ser trasladado al numero 9.Es allí donde conoció  a Oscar paz, quien se encontraba en  el pabellón de al lado .Los recuerdos se hicieron presentes en el testigo y comentó una situación en la que a Paz le hicieron hacer flexiones de brazos mientras que el oficial García le caminaba por la espalda,”esto le generó problemas en la columna”. 

El testigo reconoció hacer sido victima de torturas, las cuales se efectuaban en las celdas de castigo. 

Excusas banales y sin argumentos eran las que utilizaban los agentes del servicio  penitenciario para castigar a  los presos: “fui al calabozo por haber dejado unas migas en el piso luego de haber tomado el desayuno”, recordó el testigo a lo que agregó que quien lo envió a las celdas de castigos fue el  “machado” Fernández. 

“En los chanchos me hicieron hacer flexiones de piernas, luego de brazos. Después me pagaban con las zapatillas en los pies mientras debía hacer flexiones”, así describió el testigo los vejámenes recibidos por el “manchado” Fernández. 

El juez Rosansky le solicitó al testigo que identificara al manchado Fernández. Al observar a los imputados no solo identificó a quien fuera su torturador, sino que también señaló a  Peratta, a el Nazi Rebaynera quien “salía de caza los días lluviosos mientra de fondo se escuchaba música clásica”, y a Basualdo. 

 

 Coincidencias dentro y fuera-

Por último, José Demetrio Brontes relató su historia frente al Tribunal Oral  Federal en la Criminal Nº1.

Pasadas las ocho de la noche el testigo contó que estuvo desde Mayo de 1975 en la cárcel de  Devoto. Luego de allí es trasladado  a la Unidad 9, el 7 de junio de 1976.

 “La llegada a la U9 fue difícil”, dijo el testigo: “Nos estaban esperando un grupo de penitenciarios que nos recibieron con golpes”.

 Respecto al régimen sostuvo que “era normal” ya que tenían visitas, recreos y la relación con el personal “no era complicada”.

 Las aguas permanecieron apaciguadas  hasta que llega el 13 de diciembre del año 1976. “A partir de allí hay un cambio en el régimen. Nos obligan a salir de las celdas, nos llevan hasta un cruce de pabellones donde nos desnudan, nos requisan de ahí nos vuelve a llevar a las celdas”, manifestó Brontes

 La requisa significó una restructuración de los pabellones de acuerdo al grado de compromiso político de los presos .El 5 de enero de 1976 al testigo los trasladaron al pabellón nº 1.

 Ante la pregunta del juez Rosansky si sabia como se denominaban  los pabellones 1 y 2; el testigo mencionó el caso de Rufino Pirles y Dardo Cabo, quienes son sacados del penal para un supuesto traslado y luego son asesinados. “A partir de este hecho se los conoce como pabellones de la muerte”.

El testigo también se refirió a otro hecho dentro del penal. Una noche los sacaron a Horacio Crea y Giorgiadis de su celda, los encapucharon y los llevaron por un pasillo hasta un lugar que no pudieron identificar. “En esa oportunidad les dijeron que ante cualquier represalia contra los penitenciarios ellos eran los primeros que iban a morir”, comentó.

 Reconoció haber visto personal militar dentro de la unidad 9 “fue anterior a la requisa de diciembre de 1976. Estaba en el calabozo, este tenia dos puertas, una de ellas se abre y vemos personal militar que camina por allí”, recordó Brontes.

 El relato del testigo concluyó reflexionando sobre hechos que acontecieron fuera del penal. Para Brontes, no es casualidad la cantidad de familiares de  presos que han desaparecido.

 Su memoria no lo deja olvidar y recordó que en febrero de 1977 desaparece Alberto Graicobich que era junto a su madre, junto con el hermano de Villanueva,  miembros de la Comisión Peronista por la Solidaridad con los Presos Políticos. Luego  Graicobich aparece muerto.

El 9 de marzo de 1977 desaparece su madre. La secuestran de su casa conjuntamente con un tío de la victima. Hasta el día  de hoy su madre permanece desaparecida.Luego desaparece el hermano de Villanueva. En mayo de 1978 desaparece la compañera de Horacio Crea. Más tarde la mamá de Elizalde, la  mamá Anguita.

Indicios de que todo estuvo programado, premeditado, que no fue casualidad. Las casualidades no caben para esta historia que no ha dejado más que millares de heridas entreabiertas.

 

 

 

Calotti: “Con Julio López charlábamos  cuando se podía”

Así lo dijo el primer testigo de la fecha en el juicio a penitenciarios y médicos de Unidad 9. Hasta el momento han declarado dos ex detenidos y tras un cuarto intermedio se esperan tres personas más.

Por Secretaría de Prensa y Difusión

APDH La Plata 

(31MAYO2010) Tuvieron que pasar trece días para que el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Número 1 de La Plata vuelva a tomar vida en el juicio sobre crímenes de la Unidad 9 platense en la última dictadura militar, luego del receso por los feriados.

Lo primero que se divisó en el público fue la silla con la remera blanca para recordar al testigo Jorge Julio López, desaparecido hace más de tres años y medio.

En la querella se hicieron presentes en patrocinio de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos el Doctor Oscar Rodriguez y la Doctora Marta Vedio. 

A las 10.50 pasó el primer testigo. Atilio Gustavo Calotti escuchó atentamente las indicaciones del Juez Rosansky y comenzó a recordar.

             “Me detienen el 8 de septiembre de 1976, cursaba 5to año en el Colegio Nacional. Era delegado político y trabajaba en el Correo”, mencionó, y agregó luego sobre las situaciones vividas: “En la tortura uno no sabe los límites personales de cada uno”

Hay un hecho clave que se da el 8 de septiembre de 1976 cuando Calotti tenía una cita con su compañero Osvaldo Buceto en 7 y 54, relatado por el propio testigo:

Eran las siete de la tarde. Estaba apoyado junto a un poste casi desguarnecido, con marcas de golpes y casi no me podía parar porque venía de torturas en el Campo de Arana, me habían robado los zapatos y tenía alpargatas, con la camisa me hicieron las vendas para taparme los ojos. Cuando me ve Buceto, se da cuenta de la situación y se va corriendo hacia Plaza San Martín. Comienzan a dispararle y lo detienen, me suben en un coche junto a él. Recuerdo un nombre solamente: el Oso. Lo volví a escuchar en Arana. Me tenían en el asiento delantero casi en el piso con un arma en la cabeza, en cualquier momento disparaban”

 

El 23 de septiembre Calotti fue trasladado ilegalmente a  la Brigada de Investigaciones de Quilmes y  estuvo tres meses. El 21 de diciembre fue a la comisaría tercera de Valentín Alsina durante tres semanas. El 28 de diciembre pasa a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, y finalmente el 21 de enero de 1977 llega a la Unidad 9 luego de estar cuatro meses en condición de detenido desaparecido.

Fue al pabellón 15 durante dos meses. “Todo el día estaban pendientes a despersonalizarnos. Uno no debía mirar al frente, tenía que bajar la vista. No se podía dormir la siesta. No nos podíamos lavarnos ni comunicarnos. Romper las normas era el castigo”, dijo.

Al igual que otros testigos, la víctima (que en aquel entonces tenía 18 años) mencionó que la Unidad 9 funcionaba como un campo de concentración.

LAS CHARLAS CON JULIO LOPEZ

Calotti vivió  casi un año en el pabellón 5, y tras quebrarse emocionalmente expresó que su vecino de celda era Jorge Julio López: “Con él charlaba mucho. Recuerdo a Julio porque estaba mal, tenía dos hijos chicos, su esposa. Compartía con él la plata que me mandaban para comer en la cantina”. Luego agregó que López era una persona de andar tranquilo y respetuoso.

El tema de los guardias captó la bronca del testigo. “Había algunos que tenían placer morboso en no hacer ruido, pasar celda por celda y levantar la mirilla para detectar alguna irregularidad para ellos”

Al momento de recordar nombres, indicó que a uno le decían “Pata de lana”, y recordó a Machado Fernández, a “palito” Ortega, Ribadeneira, García y Peratta. En el reconocimiento de los imputados divisó a Dupuy, Ribadeneira, Vega y Basualdo.

Luego arguyó que en el año 1979  venía a verlo el Teniente Coronel Sanchez Toranzo. Tras decirle al detenido que lo iba a  apoyar para salir a la libertad, le hizo un pedido: tenía que firmar un papel que pertenecía a las bandas de “terroristas”.

Antes de que expida el tiempo para que el gobierno les diera una respuesta sobre el pedido de salida del país, a Calotti lo liberaron el 25 de junio de 1979 junto a  Julio López, luego de pasar tres días en el pabellón 9.

 

Algunos detenidos puede contar su historia, otros no. Pero además, vale destacar los impactos psicológicos en la estadía del penal. Cosatti hizo especial hincapié en la cantidad de compañeros que se fueron volviendo locos. “Un muchacho de apellido Pascheta. Se estaba roseando con keroseno, se quería prender fuego. A otro le decíamos Piñon Fijo porque no paraba de caminar en los recreos y  después gritaba en su celda” concluyó

 

LA REQUISA Y LOS CHANCHOS

El segundo testigo en declarar fue Juan Carlos Stemi, detenido en su domicilio el 30 de julio de 1976 y pasando por diversos lugares (Campo de Arana, Quilmes y Comisaría 3era de Lanús) para llegar en noviembre de 1976 a la Unidad 9.

Fue directamente al pabellón 16 con un régimen “muy malo”, según su calificación y recordó de manera especial la requisa de diciembre de 1976 cuando asume la dirección Dupuy.

“Nos sacaron a puro golpe, con la cabeza gacha. Bajamos una escalera y recibimos palazos, puntapiés, nos hicieron sacar la ropa hasta que volvimos de la misma forma a la celda”, mencionó.

El testigo dijo que el régimen fue peor a partir de diciembre de 1976. Cuando le tocó ir a las celdas de castigo (sin motivo, luego de estar leyendo un libro) lo llevan contra una pared y comenzaron a golpearlo.

Me hicieron la tortura tipo teléfono, que era pegarme en los oídos. También me pegaban de forma constante en la planta de los pies. Me hacían correr de pared a pared. Después me hicieron bañar con un chorro de agua fría un buen tiempo hasta que retorné al calabozo

– ¿Usted recuerda a algunos?, preguntó el Juez Rosansky.

– “Ese día estaba Peratta, Basualdo y García. Estuve cinco días en los chanchos”, contestó.

El tema de los médicos volvió a reiterarse como en la mayoría de las declaraciones. Luego de estar en los chanchos y de las diversas torturas, Stemi pidió médicos porque le sangraban las uñas de los pies pero nunca llegaron. “Cuando uno se sentía mal me llevaban a sanidad. Solo te daban una pastillita, a todos igual”, expresó.

Al igual que el testigo Calotti, recordó que el Coronel Sanchez Toranzo comandaba un grupo de gente que preguntaban todo tipo de cuestiones. Las entrevistas eran en un salón grande con un personal del servicio penitenciario presente.

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About apdhlaplata

La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata es una organización no gubernamental cuyos objetivos son: Defender los Derechos Humanos en su acepción más amplia, contribuir a su enseñanza y a su difusión, dotar a esta temática de sólidos fundamentos jurídicos y académicos con una clara visión de futuro mediante la investigación y la docencia. Llevar adelante los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo. Llevar adelante el Juicio por la verdad, iniciado junto a otros organismos y particulares en 1998 ante la Cámara Federal de La Plata y a las causas penales derivadas del Juicio por la Verdad.

One thought on “Analizando vivencias

  1. Me parece excelente el trabajo que realiza la APDH en general. Y poder seguir los juicios a través de los informes de las audiencias muy bueno porque vivo en el interior y me permite estar actualizada. Sin memoria no hay futuro. Admirable lo de ustedes, de verdad. gracias

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