“A Pinto no se le han dado los medicamentos necesarios”

      

Lo afirmó el Doctor Raúl Ferreres, quién fue uno de los cuatro médicos en atender a Alberto Pinto en los días previos a su muerte. Los múltiples hematomas recibidos en el cuerpo y su condición lamentable en que se retiró de la Unidad 9 en su momento de cautiverio.

 

SECRETARIA DE PRENSA y DIFUSIÓN

APDH LA PLATA

(7JUNIO2010) El Dr. Alberto Raúl Ferreres fue el segundo testigo en declarar, pero en carácter de perito del paciente Alberto Pinto en noviembre de 1978. Oriundo de Capital Federal, es doctor en Medicina, abogado, profesor de Cirugía de la UBA, académico titular de la Academia Argentina de Cirugía Fellow American Collage of Súrgenos, Perito médico del Cuerpo Médico Forense de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Poco antes de las tres de la tarde comenzó su declaración a pedido expreso de  la defensa a cargo del Doctor Sisterio. Vale recordar que Ferreres  realizó un informe junto a tres colegas del cuerpo médico forense a la Corte Suprema de la Nación sobre el paciente Alberto Pinto.

 Los interrogatorios se basaron en los argumentos esgrimidos en el informe y las explicaciones fueron meramente científicas, con algunos juicios de valores a destacar.

 “A partir de la documental médica a partir de l 15 de noviembre de 1978 hay eventos que determinan circunstancias. El 15  Alberto se  cae en el baño. El 16 plantea hematomas con analgésicos y dolor abdominales y sigue padeciendo crisis epiléptica. El 19 es un compromiso severo: deshidratado, con serie de hematomas, piel seca y taquicardia. Al día siguiente está núrico, es decir que no podía orinar” , destacó.

 Ferreres, quién además es Jefe del Servicio de Cirugía General del Hospital Boccalandro de Tres de Febrero e Integrante del Departamento de Cirugía del Hospital de Clínicas, hizo referencia al trato que recibió Pinto previo a ingresar al tratamiento médico. “Uno piensa que hay pasado una serie de eventos que no han sido inspeccionados (..) es decir no se les han dado los medicamentos necesarios”, confesó, y agregó luego: “hubo mecanismos de defensa que intentó detener el organismo, pero se observan infecciones que no fueron tratadas”

En síntesis, Alberto Pinto era un enfermo epiléptico, y el perito arguyó que hubo un incorrecto o insuficiente manejo sin la adecuada protección al detenido en Unidad 9. “Esa presencia en la celda de castigo lo privó al señor pinto de mejorar su estado de salud”, sentenció.

 LOS GOLPES EN EL INTESTINO

 Ferreres además de destacar que Pinto estaba privado de un control médico adecuado y de medidas de protección pertinentes, hizo referencia a la calidad de los golpes que debe tener un ser humano si es dañado en los intestino delgado, ante la pregunta del hermano de Alberto Pinto como parte de la querella.

 “La fuerza debe ser alta. Incluso el intestino delgado en general en los traumatismos la inercia debe ser importante, como en un accidente de tránsito”, esgrimió.

 Pinto tuvo perforaciones de 3 centímetros por la evolución porque no es lo habitual. “Además se describe sangre lacada (vieja). No hay lesiones de órganos macizos”, agregó.

 Ferreres se mostró tranquilo y utilizó palabras de gran complejidad para los presentes debido a sus altos conocimientos en la materia. “El testigo es perito, no presencial”, dijo el Juez Rosansky al respecto. Cuando pudo trasladar su léxico a una interpretación global, mencionó que “una golpiza pudo haber producido las lesiones provocadas a Pinto”

Emotivo relato de la mujer de Horacio Rapaport

Negó absolutamente la teoría del suicidio impuesta por las fuerzas militares y detalló los pasos mientras su marido fue secuestrado hasta el momento de su muerte.

 POR SECRETARÍA DE PRENSA Y DIFUSIÓN

APDH LA PLATA

 (7JUNIO2010) En estos momentos se está por reiniciar la audiencia que comenzó alrededor de las once de la mañana. Hasta entonces hubo una solo declaración y la realizó Susana Quirós, esposa de Horacio Rapaport. “El hecho de tener una hija me salvó la vida”, declaró.

 Alicia Susana Julia Quirós de Rapaport  era la esposa de Horacio Luis Rapaport, egresado en 1964 del Colegio Nacional de Buenos Aires, arquitecto y docente de la Facultad de Arquitectura de la UBA que fue secuestrado en Capital Federal el 2 de febrero de 1977.

A principios de 1977 la familia recibió un telegrama en el que le comunicaban la muerte de su esposo, supuestamente ocurrida ese mismo día durante un traslado. El comunicado aludía a un supuesto suicidio, 12 días más tarde le entregaron el cadáver de su esposo intimándola a sepultarlo de inmediato.

LA DETENCIÓN

La testigo contó que Horacio estaba con un auto nuevo y lo tenía estacionado donde fue detenido en Quilmes, y agregó que el auto fue secuestrado y a los ocho meses lo devolvieron absolutamente desmantelado.

 Con respecto al momento de detención, afirmó que  Rapoport fue detenido el 5 de agosto de 1975 junto a Francisco Gutierrez. “Esa noche tocan el timbre de mi casa. Un compañero de mi cuñado Carlos Rapaport, de nombre Andrés me dice por el portero eléctrico que era urgente. Me cuenta que había sido detenido y que tenía que dejar mi casa”, dijo Quiróz.

 A Rapoport lo trasladan en la Brigada de Quilmes y su esposa en aquél entonces acude inmediatamente, la cual le avisan que no puede hacer nada, solo tenía que llevarle la  comida.

Vale destacar que la familia consigue un abogado de apellido Astocolés que presente un Habeas Corpus (nunca obtuvieron una respuesta), y al tiempo resultó ser un detenido desaparecido del aparato militar.

 Con respecto a la breve charla que tuvo a la semana, la testigo relató: “Horacio se levantó la remera y me mostró las heridas que le causaron las torturas”, y luego le agregó: “No sabes como tengo los testículos”.

 A la semana de la detención Rapoport es trasladado a la Unidad 9 de La Plata. La primera visita fue en compañía del abogado, y allí conocieron a otros detenidos como Georgadis Ramos y Méndez.

 En el año 1975 el servicio penitenciario permitía tres visitas por semana: martes, jueves y sábado, pero a partir del inicio del golpe las visitas eran distintas, donde el trato empeoró radicalmente, ya que se redujeron las visitas a dos por semana. “A veces íbamos en auto y teníamos que estacionar a 200 metros, no se podía más cerca”, dijo al respecto Quiróz.

 La requisa del 13 de diciembre de 1976 fue un suceso que Rapoport tuvo que soportar, ya que los habían golpeado muy duro y saqueado todas sus pertenencias, según declaró la testigo, quién remarcó luego la solidaridad entre los carcelarios: “Se repartían la comida aunque los penitenciarios se la rompían y la despreciaban con violencia”.

 ALLANAMIENTO Y EXILIO

 Quiróz dijo que el 25 de diciembre de 1976 fue la última vez que vio a mi marido ya que  “para el 31 no pudo ir porque allanaron la hoguera de mi ex casa. Se llevaron cosas de mi baulera”.

 Vale destacar que al momento de los hecho la pareja tenía una hija de dos años y medio. Madre e hija se trasladan hacia Uruguay por el miedo de la situación, a la casa de Enrique Rapaport, padre de Horacio.

 Enrique Rapaport viaja a Buenos Aires para ver a su hijo el 16 de enero. En uno de los momentos de la visita estaban sentados en el mismo banco con Juan Méndez (también víctima de unidad 9) y el padre de Juan Méndez. Había una amistad con los padres de Méndez y confianza para hablar. Según relato de Juan Méndez años más tarde Horacio le dice a Enrique: “Papá sacame de acá porque me van a matar”.

 El abogado en aquél entonces ya había desaparecido. Un amigo de la familia, dueño de la empresa Odol, sabía de las ganas de volver y le dice a Quiróz: “Susana, mañana podes ir en un avión con tu hija”.

 La testigo contó con detalles de la trágica noticia:

 Voy sola a Unidad 9 y en la casilla de entrada, cuando se presenta el documento me dicen que ha sido trasladado a un lugar que no le quisieron contestar. Entro a la cárcel y uno de los señores de la requisa me acerca un vaso de agua y me dice: “señora, usted tiene una nena chiquita y ahora tiene que vivir por ella”. Ahí deduje la muerte de mi marido.

 A los pocos días le llega el telegrama a la familia Rapoport. “Comunico a usted oficialmente que su esposo Horacio Rapaport al ser trasladado por fuerzas militares para ser indagado se infiere heridas que le ocasionan su deceso”, decía según las autoridades del penal.

 LA BÚSQUEDA

 La esposa de la víctima va hacia al regimiento 1 de Palermo donde la derivan al Departamento de Policía de la Provincia de Buenos Aires. En ese lugar la atienden luego de esperar doce horas, donde le ponen condiciones para la entrega del cuerpo de Rapoport.

 “En primer lugar me va a decir ahora mismo donde lo va a enterrar, en segundo lugar usted no va a publicar en ningún lado ni se puede hacer un velatorio. Mucho menos contactarse con los familiares de la Unidad 9 porque en vez de uno podrían llegar a ser dos”, le dice un uniformado.

Al respecto  Susana Quiróz hizo una reflexión con respecto a lo que sucedió con marido:

 La teoría del suicidio es ridícula, puesto que mi marido no tenía para nada una personalidad depresiva, al contrario. Lo han relatado los compañeros. Era un tipo vital, deportista, jugador de rugby e hincha de estudiantes. Jugábamos al tenis. Era muy exigente. Hacía cine, se recibió de arquitecto. Polifacético. Era riguroso para suicidarse. Hacía gimnasia en la cárcel, en una celda de 2 por 2.

 RECONOCIMIENTO DEL CADÁVER

 Según la testigo en el Departamento de Policía de la Provincia de Buenos Aires no existía ninguna morgue. Vuelve un día sábado y la atienden, la acompañan a una oficina y aparece un médico que le muestra una foto del cuerpo.

“Esta con  una barba post Morten de tres o cuatro días. No estaba golpeado y tenía en ambos brazos dos cortes superficiales, uno en cada lado. Para llegar a una vena importante había que atravesar varias capas, por lo que no fue suicidio”, dijo.

 Quiróz entra en un lugar con olor a podrido. A su derecha remarcó que en una especie de estante había un cuerpo de un muchacho sangrado, tirado, y en el fondo los empleados de la cochería para trasladar el cuerpo.

“Antes de sellar el cajón me hacen pasar. Me acerco, lo veo. Ya no era Horacio. El color, el rigo mórtice, la hinchazón. Veo los mismos cortes. Estaban arreglando la mortaja. Lo reconozco, miro hacia atrás y había otro cuerpo tirado. El olor todavía lo siento. Veo otro cuerpo. Todos presuntamente muertos. Era horroroso”, expresó, y agregó: “Estaba el médico atrás mío. Le digo que es mi marido. Voy a este lugar presuntamente llamado morgue y firmo. Era tanta la presión que sentía que obviamente había que cuidar a mi hija”.

 El entierro del cuerpo de Horacio Rapoport se realizó en el cementerio de la Chacarita, y su mujer estuvo bajo amenaza hasta que se siente “liberada” en 1983 por lo cual empieza a contactarse con los compañeros de la cárcel de la víctima.

 Estas fueron las palabras finales de la esposa de Horacio: “Espero que mi testimonio sirva para esclarecer tantas muertes, tantas desapariciones, tanto horror en este país. Quiero decir que Horacio está presente”.

El olor a miedo era característico el 13 de diciembre

 Si hay algo que sabe Mario Ernesto Colonna es que recordar nunca es en vano. Después de 34 años, el ejercicio de la memoria hoy rindió sus frutos. Finalmente, pudo descargar todo lo que vivió ante la justicia.

   El testigo contó que fué secuestrado junto a su hermano en abril de 1976 en La   plata. Para ese momento militaba en el sindicalismo y cursaba la carrera de Medicina en la Universidad.

Los detalles no le fueron difíciles de recordar. Pudo precisar cual fue el recorrido de los secuestradores hasta llegar al Regimiento 7 de La Plata. “era en pleno campo, escuchábamos ruidos de avión,” describió el testigo.

 Luego, a Colonna lo trasladaron a la brigada de Quilmes: “Una vez en la celda me saco la venda y veo los techos del hospital de Quilmes, ahí me di cuenta donde estaba”, recordó.

 Por otro lado, refirió a las condiciones infrahumanas que debían soportar los presos tanto en los Centros clandestinos, como también en los penales: “No tenía suela en los zapatos, saqué unas fotos que estaban pegadas en las paredes de la celda y me hice unas suelas de papel”, contó.

 Los días transcurrieron, el 14 de diciembre de 1976 fué trasladado a la Unidad 9 de La Plata. El testigo describió de manera detallada el recibimiento por parte de los agentes del servicio penitenciario. Al llegar, los hacen caminar por un largo pasillo por donde venía corriendo una patota de 45 personas vestidas de gris. Estas personas comenzaron a interrogarlos y a golpearlos: “La paliza más grande de mi vida me la llevé en ese ingreso”, sostuvo el testigo y agregó: “Éramos 3 contra 45, estábamos desnudos y esposados. Los golpes nos llevaban de una pared a otra”, arguyó Colonna.

 Durante su detención, estuvo  alojado en el pabellón 13. Luego de la requisa del 13 de diciembre  lo llevan al pabellón 14. “En esa restructuración lo trasladaron a Dardo Cabo. Luego mi tía me cuenta lo que les pasó a  él y a Rufino Pirles”.

 La victima estuvo en los chanchos en tres oportunidades. Mencionó que la primera vez permaneció quinces días. En esa oportunidad, luego de una golpiza,  le preguntó a uno de los médicos del penal si le daba algo para calmar el dolor: “Me dió una pastilla y me tiró la cadena  para que tomara agua de la letrina”, recordó.

 Otra de las veces que al testigo lo llevaron a las celdas de castigo, fué por quejarse de la comida que les daban: “Era una masa secada al sol con un poco de salsa arriba. Más perecido a engrudo que a otra cosa”, contó el testigo.

La última vez que estuvo en los “chachos” fue en 1979. Para  agosto de 1980  el testigo recordó que Dupuy  los dejó bañarse con agua caliente.

 A parte de describir los hechos que vivió, el testigo hizo referencia a la soledad dentro de las celdas, a los pocos ruidos en el lugar, “las palomas era la única compañía”. Además, agregó  que todo el tiempo Intentaba recordar los nombres para no olvidarse nada, “Sabía que este día iba a llegar”, concluyó.

 “Conozco lo que es dormir sin ropa sobre cemento en un calabozo”

 Luego, Rafael Alberto Moreno fue quien brindó testimonio ante el Tribunal.

Antes de llegar a la Unidad 9, el testigo recordó los lugares por donde estuvo previamente detenido.

En abril de 1976 fue detenido en Córdoba por fuerzas del Ejército. Cree haber pasado por el Centro Clandestino de Detención La Perla, luego fue trasladado a Buenos Aires donde presume haber estado en el Pozo de Banfield y también en Campo de Mayo

Estuvo desaparecido tres meses, hasta junio de 1976 cuando es blanqueado y puesto a disposición de Poder Ejecutivo Nacional (PEN).

 Más tarde es trasladado a Devoto: “Me pareció el Sheraton en comparación a lo que habíamos vivido“, dijo el testigo. Permaneció allí hasta octubre de ese año cuando es  trasladado a la Unidad 9.

 El testigo recordó con solvencia la llegada a La Plata: “Nos llevan a la celda, todos pasamos por una doble fila del servicio penitenciario que nos iban pegando con palos mientras nos dirigíamos al pabellón 14”.

 Según Moreno, hasta diciembre de 1976 era un régimen similar al de Devoto: se podía leer, tener visitas con regularidad, recreos al aire libre, hablar con compañeros.

 Fue el 13 de diciembre la fecha en que todo cambia. Inevitable para el testigo no hacer mención a ese día: “Empezaron a abrir las puertas de las celdas  para que salgamos .Salimos corriendo mirando hacia abajo. La brutalidad del personal fue extrema, pensábamos que nos podía pasar cualquier cosa”, describió el testigo

 Ya se ha mencionado en otras audiencias las razones absurdas por las cuales los detenidos eran enviados a los “chanchos”. En una oportunidad, a Moreno lo castigaron por querer armar un ajedrez con migas de pan. Una vez en los calabozos lo desnudaron, lo colocaron bajo una ducha de agua fría mientras que lo golpeaban e interrogaban.

 Recordó que el agente Guerrero le empezó a pegar en la planta de los pies “me llamó la atención la calma y la sistematización con la que golpeaba”, arguyó el testigo.

Luego fue alojado en la celda de castigo, un cuadrado de cemento de 2 por 2,5 mts, en permanente oscuridad con una letrina al costado izquierdo.Estando allí pidió que lo viera un médico porque tenía los pies muy inflamados, “Me trajo una pastilla blanca, pedí agua para tomarla y recuerdo la seña del médico que me indica la letrina que era la forma habitual para tomar”.

 También hizo alusión a  los casos más violentos  sucedidos en el penal: El caso Pirles y Cabo, Rapaport  y Urien.

Hizo referencia a que dentro del penal se sabia que los detenidos del pabellón 1 y  2 eran los destinados a morir: “Formó parte de la intimidación, querían  meternos miedo, que sepamos que  lo que les pasó a los del 1 y 2, le podía pasar a cualquiera”.

 Luego de un breve periodo en la cárcel de Devoto, en el  1982 retornó a la Unidad 9.Según Moreno: “Una etapa totalmente distinta”.Ya no había requisas, teníamos libros, juegos. La vida en el penal era completamente diferente”.

 

 

 

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About apdhlaplata

La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata es una organización no gubernamental cuyos objetivos son: Defender los Derechos Humanos en su acepción más amplia, contribuir a su enseñanza y a su difusión, dotar a esta temática de sólidos fundamentos jurídicos y académicos con una clara visión de futuro mediante la investigación y la docencia. Llevar adelante los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo. Llevar adelante el Juicio por la verdad, iniciado junto a otros organismos y particulares en 1998 ante la Cámara Federal de La Plata y a las causas penales derivadas del Juicio por la Verdad.

2 thoughts on ““A Pinto no se le han dado los medicamentos necesarios”

  1. muy buen informe de la audiencia del dia de hoy!
    Felicitaciones en su dia a la gente de prensa!!!

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