Una práctica sistemática a la medida de los centros clandestinos de detensión

Declararon hasta el momento cuatro de los cincos testigos para el día de la fecha, con menciones similares como las enseñanzas para torturar y la estructura dividida de los guardias para contener psicológicamente a los detenidos.

POR SECRETARÍA DE PRENSA Y DIFUSIÓN

APDH LA PLATA

(14JUNIO2010)Relatos similares pero no por eso dejaron de ser interesantes. Las crónicas se sucedieron y tres de los cuatro testigos que pasaron hoy relataron sus pasos previos a la llegada a la Unidad 9 en la ciudad de La Plata.

La Brigada de Investigación de Las Flores, los centros clandestinos de Montepeloni y de Tandil, la cárcel Nº 7de Azul y otra de Olavaria fueron escenarios sincronizados que utilizaban las autoridades para rotar a los detenidos desaparecidos y esquivar así los controles de los organismos internacionales como la CIDH y la Cruz Roja.

En Tandil fue donde se realizó un Consejo de guerra con mandos militares que establecían penas de prisión de entre 10 y 20 años para aquellos detenidos que previamente habían sido torturados y paradójicamente sus defensores (que se imponían en una lista) eran militares.

En la Unidad 9 lo que sorprendió de los relatos fue como en las celdas de castigo (“los chanchos”) el oficial Ribainera le enseñaba a otros empleados del penal como se debía pegar y torturar, y los incitaba a hacerlo.

LOS TESTIGOS

Osvaldo Fernández se sentó en el banco de los testigos a las 11.35 y comenzó a detallar luego de más de 30 años los sucesos acontecidos. Fue secuestrado el 16 de septiembre de 1977 y tras atravesar por los lugares mencionados, arribó a la Unidad 9 a fines de enero de 1978.

Junto a sus compañeros de Olavarria fueron derivados al pabellón 13 conocido como la “Siberia”. En la inhumana estadía tuvo que soportar, según sus testimonios, diversos tormentos y torturas en los “chanchos”.

“El oficial Ribainera era uno de los encargados de golpearnos, y marcaba un mal clima en la cárcel, provocaba miedo en los detenidos”, confesó Fernández, que recordó también la visita de los médicos: “nos miraban y se iban, cada tanto nos daban una pastilla para solucionar nuestros problemas”.

Además mencionó la situación de padecimiento constante que recibía Aberto Pinto y al igual que sus compañeros hizo hincapié en la vista del Coronel Sanchez Toranzo: “Buscaba una retractación de parte nuestra para que firmemos una constancia de nuestros errores”.

¿CÁRCEL O CENTRO DE DETENCIÓN?

 Algo válido destacar era la estructura que utilizaban las autoridades de Unidad 9 que se suponía similar a la de los centros clandestinos de detenCión. “Había guardias que se ocupaban del maltrato, otros más ingenuos que acataban órdenes y guardias que se ocupaban de hacer concesiones con los detenidos”, dijo Carlos Leonardo Gensón, otro de los detenidos que declaró en la audiencia de hoy.

Al igual que Fernández, Gensón fue detenido el 16 de septiembre de 1977 en Olavaria y llegó a la Unidad 9 a fines de enero de 1978, donde pasó sus primeros meses en el pabellón 3. “Recuerdo al oficial (Machado) Fernández, porque abría una a una las celdas, interrogaba y le pegaba un par de trompadas a cada detenido”, esgrimió, y agregó que el Oficial Guerrero y Rebainera hacían prácticas similares pero con mayor atrocidad en las celdas de castigo.

Las torturas recibidas pasaban desde pegarle con sus propias zapatillas en las plantas de los pies (“Volví de rodillas a la celda porque no podía caminar” dijo el testigo) hasta pegar con las palmas de la mano continuamente en los oídos, a tal punto que Gensón confesó que tiene problemas auditivos producto de las secuelas de aquellos momentos terroríficos.

 El caso de Alberto Pinto también fue mencionado y recordó que fue golpeado en los momentos en que el “Machado” Fernández hacía de guardia.

“EL SISTEMA ERA DE APRIETE Y AFLOJE”

Carmelo Vinci fue detenido el 22 de septiembre de 1977 en Olavaria y también padeció las torturas en las celdas de castigo. “La unidad 9 trabajaba con sistema de apriete y afloje como en un centro clandestino de detención, porque cuando parecía que se apaciguaban las aguas volvían los gritos y los tormentos”, arguyó.

Guerrero, Fernández y Rebainera son los nombres de las autoridades que recuerda de la época junto al Sargento Sanchez Toranzo que los visitó en carácter de militar. Con respecto a los médicos, mantuvo la línea de declaraciones anteriores al referir que se “solucionaba” todo con una pastilla. “El estereotipo era cureta porque daba con el personaje de la Revista Humor”, concluyó Vinci.

“Queríamos que el avión se estrellara”

Carlos Roca Acquaviva fue detenido el 14 de mayo de 1976 en Mendoza, donde trancurre unos cuarenta días de detensión hasta que es trasladado en un avión Hércules a Buenos Aires. “Ese viaje fue una odisea, porque en todo el vuelo hubo golpes con cachiporras en la espalda y los riñones, a tal punto que queríamos que el avión se estrellara para detener el sufrimiento”, confesó.

En septiembre de 1976 Acquaviva llega a la Unidad 9 de La Plata, y es trasladado a los pabellones del fondo (entre el 11 y el 13). El testigo recordó que cada sonido de la cárcel se tenía registrado porque era cotidiano, y dijo que padeció entre cuatro y cinco veces la celda de castigo. Al igual que las otras declaraciones de la fecha, con respecto a los castigos eran sin argumentos concretos, ya que cualquier motivo era válido para llevar a torturar a los detenidos.

 LA MUERTE DE IBAÑEZ

Gracias al primo Raúl Eduardo Acquaviva el testigo contó que a Marcos Ibáñez lo golpean en reiteradas ocasiones en “los chanchos” a tal punto de provocarle la muerte. “Querían hacerle firmar a mi primo un acta en que constaba que la muerte fue producto de un suicidio”, dijo Carlos.

Según pudo recordar los policías comienzan a desesperarse cuando advierten que Ibáñez no podía respirar y acuden a un tubo de oxígeno pero que no pudo salvarle la vida.

Al momento del reconocimiento de los acusados, el testigo pudo divisar a Basualdo (“Ustedes se van a ir de acá –U9- el día que a los sapos le crezcan la cola”, le había dicho), a Peratta, Ribainera (“Estaba en los chanchos, daba órdenes de tortura”) , Fernández y a “Culito de goma” Romero.

“El pabellón está preparado para la tortura, es un lugar helado. Había que caminar en círculo porque hacía un frío glaciar, y teníamos que tomar agua del excusado”, sinceró Acquaviva.

LO UNICO QUE PODIA HACER ERA DENUNCIAR QUE EN LA PLATA ESTABAN MATANDO PRESOS”

El dolor de los crímenes cometidos en la Unidad 9 dejaron su marca. No sólo forman parte de la más oscura página que cargamos en nuestra historia, sino que han dejado imborrables huellas en los familiares de las victimas del terrorismo de estado.

La última voz que se escuchó en la audiencia del lunes fue la de María Teresa Piñeiro, esposa de Ángel Giorgiadis. Con un montículo de cartas en su mano, la testigo se sentó frente al Tribunal para recordar la trágica historia de su vida.

Por una infracción de transito fue detenido su marido, Ángel Giorgiadis ,el 17 de julio de 1975. Más tarde fue traslado a la cárcel de Villa Devoto en Capital Federal hasta Octubre de 1975 cuando es llevado a la Unidad 9.

 La información que comparte la testigo ante la sala se refiere al contacto que pudo tener  mientras su marido permanecía detenido en la Unidad 9: “Nuestra resistencia eran mantener un contacto fluido a través de las cartas”, comentó la testigo. En ese orden, se refirió a que en el tiempo que su marido estuvo preso ella nunca pudo visitarlo porque se paralizaba una vez que llegaba a la puerta del penal.

 Por comentarios de sus familiares más cercanos, la testigo hizo referencia a la requisa del 13 de diciembre cuando asume Dupuy como director del Penal y se funda la etapa basada en el  terror y la tortura para los presos de la Unidad 9. “El contacto por cartas ya era menor”, recordó.

 La restructuración de los pabellones fue una de las primeras medidas que se tomaron dentro de la Unidad luego de producirse la requisa. Para ese momento su marido, se encontraba alojado en el pabellón 13. Luego, es trasladado al pabellón I, conocido como “pabellón de la muerte”. “Me aprendí la lista de nombres de todos los compañeros de Ángel del pabellón I y del II”, recordó la testigo mencionando una gran parte de compañeros de Giorgiadis.

 Para enero del año 1977 la testigo se entera por su suegra que a Ángel Giorgiadis lo trasladan de la Unidad 9. Comienza así la incesante búsqueda.

Se reúne con eclesiásticos y jueces. En una oportunidad uno de ellos le dice que “debe dejar todo en manos de la Justicia, sino iban a ser dos”, en referencia al posible asesinato de su marido.

 El 4 de febrero de 1977 a María Teresa le llegó un telegrama. Allí le informaban que su esposo había fallecido por “inferirse lesiones”, lo que daba a entender que se había suicidado.

 “Esto no sucedió”, dijo con bronca la testigo, y para demostrar las ansias de vivir de su esposo, leyó ante la sala las cartas que le había enviado mientras estaba preso.

En ellas se evidencia la sensibilidad de Ángel, las ganas de salir adelante, de  no bajar los brazos y en especial, de  reecontarse con su mujer y su hija

 “Tengo tantas cosas para decirte, pero tengo la toda la vida para hacerlo”, escribió Ángel a su mujer reflejando que estaba ante la cruda espera de salir de la cárcel.

 Como tantos otros, María Teresa se refugió en el exilio. Paris, Ginebra, Londres fueron algunos de lugares donde intentó recomenzar su vida. Desde el exilio participó en diferentes organismos de derechos humanos y se dedicó a divulgar lo que pasaba en nuestro país en aquella época: “Peleábamos por una Argentina inclusiva, una argentina para todos a diferencia de los militares”, concluyó.

 A pesar de los reclamos que efectuó, nunca pudo ver ni recuperar el cuerpo de su esposo.

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La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata es una organización no gubernamental cuyos objetivos son: Defender los Derechos Humanos en su acepción más amplia, contribuir a su enseñanza y a su difusión, dotar a esta temática de sólidos fundamentos jurídicos y académicos con una clara visión de futuro mediante la investigación y la docencia. Llevar adelante los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo. Llevar adelante el Juicio por la verdad, iniciado junto a otros organismos y particulares en 1998 ante la Cámara Federal de La Plata y a las causas penales derivadas del Juicio por la Verdad.

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