Señores de la vida y de la muerte

La declaración de Pérez Esquivel

Señores de la vida y de la muerte

En dictadura, los penitenciarios de la Unidad N° 9 se calificaban bajo ese rótulo. Así lo recuerda el Premio Nobel de la Paz, quién recibió dicha nominación en pleno terrorismo de Estado. “A usted no lo salva ni el Papa”, le dijo el “nazi” Ribadeneira. Néstor Gregorini y Salvador Mela fueron los otros testigos de la jornada, ambos ex médicos del Penal.

 

Por Secretaría de Prensa y Difusión –APDH La Plata

 

(15JUNIO2010) El Premio Nobel de la Paz, Adolfo María Pérez Esquivel, aludió a los orígenes del Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) en América Latina durante los años ´60 y a su participación en la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, uno de los primeros organismos de derechos humanos del país, al referirse a los motivos por los cuáles cree haber sido víctima de la última dictadura cívico-militar. Contó de su militancia por la cuestión latinoamericana en contra de la Doctrina de Seguridad Nacional y el Operativo Cóndor y, en ese contexto, hizo mención a la Triple A y a las organizaciones que nacieron antes del golpe del ’76, entre ellas, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

Pérez Esquivel fue producto de ese tiempo, y su militancia, su razón de ser. Las convicciones por los necesitados, la espiritualidad y la no-violencia -valores del SERPAJ- le costaron que el 4 de abril de 1977 fuera detenido mientras intentaba renovar su pasaporte en el Departamento Central de la Policía Federal. Después pasó por el Primer Cuerpo de Ejército y por Superintendencia, lugares en los cuales aseguró haber visto cruces esvásticas, inscripciones que decían “nazionalismo” e, incluso, a una prisionera que había escrito con su propia sangre “Dios no mata”.

El 5 de mayo de 1977 Pérez Esquivel fue conducido al Aeródromo de San Justo, donde lo encadenaron en el asiento trasero de un avión y lo llevaron a sobrevolar las aguas del Río de La Plata hasta llegar a Montevideo. “Yo sabía de los vuelos de la muerte y pregunté por qué me estaban paseando”, afirmó el testigo, a lo que le respondieron haber recibido la orden de aterrizar en la Base de Morón.

Luego de dos horas, finalmente, dispusieron el traslado del detenido a la Unidad Penal N°9. “Al llegar, me metieron en una leonera, me desnudaron, me pelaron, y de ahí me mandaron a ‘los chanchos’, donde estuve diez días”, relató el testigo. Y agregó: “A mi no me hicieron nada pero durante ese lapso escuché gritos y golpes hacia otros detenidos”.  También hizo alusión a las requisas sufridas por él y por uno de sus compañeros, a quién lo recordó por tener un defecto en la pierna y, en efecto, haber sido arrastrado por personal penitenciario.

Pérez Esquivel permaneció detenido en la Unidad 9 desde mayo de 1977 hasta los días previos a la final del Mundial de Fútbol del ’78. Fue durante ese lapso cuando se enteró de su nominación para el Premio Nobel de la Paz, hecho que le costó “amenazas de muerte”. “A usted no lo salva ni el Papa, usted no tiene autoridad, nosotros somos los señores de la vida y de la muerte”, le dijo al testigo el segundo Jefe de la Unidad, Isabelino Vega, luego de obligarlo a bajar la vista.

Respecto a las torturas, Pérez Esquivel recordó “el taconeo propio de los nazis” que “tanta risa le causaba a los oficiales” y “la obligación de tomar agua de la letrina de los ‘chanchos’”. En tal sentido, el testigo afirmó haber reconocido las celdas y los calabozos durante una visita junto a la Comisión Provincial por la Memoria en 2008.

En otro orden, al momento del reconocimiento, el testigo pudo describir al Director del Penal, Abel Dupuy y a Isabelino Vega, a quien no pudo identificar en el careo. También refirió a Raúl Rivadeneira, quien una vez le rompió una foto de su esposa y le dijo: “con los subversivos hay que hacer esto”.

Una vez comenzada la ronda de preguntas, el abogado de la querella unificada APDH La Plata-CTA, Dr. Oscar Alberto Rodríguez, interrogó a Pérez Esquivel sobre su condición de detención, a lo que éste respondió que siempre había sido bajo disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Asimismo lo indagó sobre la responsabilidad de los médicos del Penal, de quiénes no pudo recordar nombres: “ellos nunca se acercaban a nosotros, recuerdo que una vez pedí atención médica y me dejaron una pastillita en el pasaplato”, relató el testigo.

Vale destacar que la mujer de Pérez Esquivel se enteró tiempo después del paradero de su esposo en la Unidad 9 debido a que en la Superintendencia de Seguridad Federal no le brindaban información alguna. Luego, se dirigió al Penal y el Jefe de la Unidad le negó la permanencia de Adolfo, hasta que volvió a insistir pero con la presencia del SERPAJ. Recién allí lo pudo ver y le contó de la campaña internacional por su liberación que se estaba llevando adelante en España, Italia, Bélgica, Austria, y en las ciudades de Londres y París.

Según señaló el testigo, su liberación “ocurrió dos o tres días antes de la final del Mundial del ‘78” y, en ese sentido, recordó que “en el grito de un gol no existía la diferencia entre torturadores y presos”.

El papel de los médicos

 

El Dr. Néstor Mario Gregorini prestó funciones como médico en la Unidad Penal N° 9 durante 1974 y 1984, es decir, durante el último gobierno de facto. Y, al mismo tiempo, ejerció la docencia en el Policlínico San Martín.

Según el testigo “la actividad médica en la Unidad 9 consistía en un área de hospital, radiología, quirófano, farmacia, odontología, oftalmología y, por supuesto, la guardia”. Y agregó: “si bien toda la vida fui médico de pabellones, durante cinco veranos hice reemplazos en la guardia, atendí a pacientes que venían a la sala, visité los pabellones e, incluso, fui a las celdas de castigo”. Sin embargo, al principio, Gregorini aseguró no haber conocido a Alberto Pinto.

En efecto, por pedido del Tribunal, se procedió a la lectura de una declaración del testigo en la que recordaba haber visto a Pinto a razón de una diarrea el 30 de octubre de 1978. De todas maneras, Gregorini acabó por suponer haber atendido al interno en el pabellón.

Según el testigo, “era más simple trabajar con los presos políticos que con los comunes, ya que no fingían patologías; aunque aumentaron los cuadros de gastritis, enfermedad propia de la gente de nivel cultural alto”. Quizá Gregorini encontró estas palabras para dar cuenta que durante la dictadura hubo un cambio de régimen en el Penal que se materializó en las características de los presos: “no me generaban miedo los internos, era gente culta, leída”, agregó.

Respecto a su función como médico, el testigo explicitó que era tarea suya completar la historia clínica de cada paciente ya que se desprendía de una exigencia del Director Médico. “Incluso debíamos visitar al interno con el historial en la mano”, señaló Gregorini.

Por otro lado, uno de los abogados de la querella le preguntó acerca de las torturas, a lo que el médico aseguró no haber visto personas golpeadas. En tal sentido, confesó haber diagnosticado marcas en las muñecas de los internos, aunque se debían al roce de las esposas.

“Recuerdo que había casos con alteraciones psíquicas, como cuadros de neurosis, síndrome que responde a cierto nivel cultural”, refirió Gregorini. Y sostuvo que “había muchos jóvenes cultos, instruidos, con enfermedades gástricas, lo cual nos planteaba un parase de manera diferente”.

En cuanto a la epilepsia, en referencia al caso de Pinto, el testigo agregó que “es un cuadro que no se puede fingir” y que “con crisis epiléptica una persona no puede estar en una celda de castigo”.

Según Gregorini, al Dr. Corsi, uno de los médicos imputados, lo ubica en el Penal entre los años 1974 y 1978. Aseguró que estuvo muy poco tiempo en sanidad y que solía cruzárselo en el Hospital de la Unidad 9, más precisamente, en la secretaría.

Contradicciones

 

 Salvador Mela entró con cierto nerviosismo y acelere por contar lo que se acordaba en su trabajo dentro de la Unidad 9 durante el lapso de la dictadura. Vale aclarar que trabajó desde 1977 hasta 1993.

 Fueron cuatro horas donde abundaron las contradicciones y las interrupciones. Llegaron a preguntar los cuatro jueces con exaltación en la voz producto de los vaivenes en la declaración del testigo. La querella  preguntó una y mil veces porque no se aclaraba lo mencionado. El público se agarraba los pelos y se reía con ironía en una demostración de no poder creer lo que escuchaba.

 El Doctor Mela primero dijo que no recordó a Alberto Pinto. Luego dijo que sí.

 El Doctor Mela dijo que a Pinto se lo habían llevado “tapadito” de los pies a la cabeza. Luego dijo que el rostro se podía divisar.

 El Doctor Mela dijo que los internos jugaban al fútbol en los años de dictadura, y por eso llegaban lastimados a las celdas de aislamiento. Luego dijo que no se acordaba si jugaban al fútbol pero que “había una cancha detrás del hospital”.

 El Doctor Mela dijo que a los detenidos no les preguntaba las causas de los golpes recibidos, sino que simplemente intentaba curarlos. Luego dijo que si, que los interrogaba.

 El Doctor Mela dijo que los detenidos nunca le hablaban. Luego dijo que si, que le comentaban el porqué de las heridas.

 El Doctor Mela dijo que en los años de dictadura había unas 300 personas entre presos comunes y políticos. Luego dijo 400. Luego dijo 500.

 A este ritmo el testigo intentó una y otra vez retractarse de lo dicho pero se vio interrumpido por el Juez Rosansky (mas de una vez abrió sus brazos pidiendo una explicación) que insistía en recordarle que estaba bajo juramento.

 “Señor Juez usted llama celdas de castigo, pero eran celdas de aislamiento”, le mencionó el testigo a Rosansky, en una declaración que fue a contramano de las cincuenta personas que declararon en lo que va del juicio.

 En todo momento Mela quiso dejar en claro que el trato a los carcelarios era tan bueno a tal punto que “tenían mejor zapatillas que las mías”, expresó. Con respecto a las muertes producidas en el penal, recordó “solo suicidios”  y ningún asesinato.

 A pesar de las idas y vueltas en las declaraciones, Mela aseguró entre otras cosas y en un resumen de las condiciones del lugar que a los detenidos jamás les faltó agua, que tenían colchones, que la comida era genial y que  se vestían bien.

Poco antes de terminar la audiencia por Secretaría se le leyó al testigo un acta donde constaba que el 18 de junio de 1984 Mela había dicho que conoció a Alberto Pinto y que fue ayudante del Doctor Favole (imputado) en una operación quirúrgica realizada al detenido y luego fallecido.

 La lectura de las múltiples heridas en todas partes del cuerpo, los diversos hematomas y quebraduras de Pinto no impactaron al Doctor Mela que titubeó a cada instante y trató de argumentar cada pedido de aclaración solicitada pero cayendo en una confusión aún mayor.

 Pese a que duró cuatro horas el testimonio aún no concluyó, ya que el Juez Rosansky decidió junto al Tribunal dar punto final a la audiencia que continuará el próximo martes 22 de junio a partir de las 10 en el edificio de la Ex – Amia.

 Aclaraciones

 

 El imputado Fernández pidió por escrito al Tribunal cambiar de abogado defensor que hasta estos momentos es Sallago, por la defensora Oficial Laura Díaz.

El abogado defensor Citterio desistió de la presencia del testigo Zanola el próximo martes, aspecto negada ya que no lo compartió la querella ni los fiscales.

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La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata es una organización no gubernamental cuyos objetivos son: Defender los Derechos Humanos en su acepción más amplia, contribuir a su enseñanza y a su difusión, dotar a esta temática de sólidos fundamentos jurídicos y académicos con una clara visión de futuro mediante la investigación y la docencia. Llevar adelante los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo. Llevar adelante el Juicio por la verdad, iniciado junto a otros organismos y particulares en 1998 ante la Cámara Federal de La Plata y a las causas penales derivadas del Juicio por la Verdad.

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