Para Carlos Vecchio de Raúl Rebaynera

El juicio a los penitenciarios

La carta de un imputado a un testigo en el centro de la escena

“Fue una sorpresa, más que intimidación”, dijo Vechio por el escrito que recibió de Rebaynera. Los otros protagonistas de la jornada fueron Héctor Hugo Ortiz, Ricardo Enrique Strzelecki, Juan Antonio Frega y Alejandro Marcos Ghigliani.

POR SECRETARÍA DE PRENSA Y DIFUSIÓN

APDH LA PLATA

(23JUNIO2010) Carlos Ángel Vechio es una persona particular, por su forma de ser y por cómo hizo de su relato una atrapante historia de vida. Produjo risas al público, a los abogados y a los jueces. No por eso sus palabras dejaron de ser preocupantes por el pasado de la Unidad 9 en dictadura.

“En este banquillo estuvo sentado el señor Julio López”, recordó el testigo, que hizo valer sus conocimientos de filosofía, psicología, medicina y derecho para brindar sus argumentos en los oscuros momentos hasta que salió en libertad el 18 de julio de 1978.

Su relato había comenzado ayer (martes) y se prolongó hasta hoy producto de la carta que había recibido del imputado “nazi” Rebaynera en el año 2009 con un tono “amigable” que le solicitaba conciliación. “Me sentí sorprendido, no intimidado”, confesó.

Estas son algunas de las palabras que le respondió el testigo Vechio a quién está acusado de dirigir y cometer torturas y tormentos.

“Señor Rebaynera, en la requisa 13 de diciembre  sufrí golpes pero no terminé en enfermería. Si recuerdo que a Zavala le dieron golpes en la cabeza. El trato en su unidad era riguroso, y se escuchaban gritos a la noche. No guardo rencores ni hice denuncia. No recuerdo rostros y menos apellidos.”

El Juez Rosansky le preguntó el porqué de la respuesta. Vechio contestó:

– Mi naturaleza geminiana lo ha establecido así. Considero en mi fuero íntimo y en consonancia con mi educación que el homicidio es una persona que no tiene corazón. Hay amigos que no están y siento que yo tengo el inexcusable deber moral de hablar por ello y decir que por ejemplo Domínguez ha desaparecido de la Unidad 9.

Dentro del penal, el testigo tuvo que soportar –como la mayoría de los detenidos– las atrocidades dentro de los pabellones de castigo y aislamiento, o “chanchos”; como ellos llamaban dentro de la Unidad. “Era una catarsis, un infierno, un aislamiento total”, dijo Vechio al respecto, y agregó que en los tres días que estuvo no recuerda haber recibido las condiciones necesarias de higiene.

Con una gran dinámica para desarrollar sus ideas y con una tonalidad persuasiva, el testigo continúo con sus reflexiones. “Cuando estás en los chanchos empieza a jugarte la cabeza, la psicología te hace eso, porque en un momento no sabía cuando iba a tomar agua”, y después arguyó que se le cruzaba ver algún elemento para colgarse.

Respecto a la desaparición de Dominguez, Vecchi aseguró: “Está desaparecido desde 1978 y lo vi en la Unidad 9”. Desde ese entonces empezó a recordar la última vez que lo vio: “me había quemado un dedo, me llevan a enfermería. Había que caminar por la senda de los pabellones y llego a la antesala. Ahí me encuentro con Miguelito Dominguez. Creo que estaba en el pabellón I. Nos miramos. Me hace una seña que no llegó a concretarla porque un guardia nos interrumpió”.

Lo que le quería decir su compañero era que iba a quedar en libertad, gracias a un interno que se lo comunicó días más tarde en los pabellones de castigo. La impotencia llegó cuando ese mismo interno le dijo a Vechio que se habían “chupado” a Domínguez.

Los testigos de Río Cuarto

Héctor Hugo Ortiz fue detenido el 27 de junio de 1977 en Río Cuarto. Pasó por la Unidad Regional de policía de la provincia 20 días y por la cárcel de Rió Cuarto. En mayo de 1978 lo llevaron a  la Penitenciaría San Martín de Córdoba, para llegar en octubre de 1978 a La Plata.

El testigo recordó aquél famoso viaje en el Avión Hércules desde Córdoba hacia Buenos Aires en que trasladaron a un centenar de personas con golpizas en el trayecto. “Estábamos vendados, fue un viaje arduo y duro”, dijo el testigo.

Con respecto a Alberto Pinto, recordó varias situaciones particulares. “Sufría de epilepsia hace tiempo y sufrió una crisis en el viaje que lo hizo estar inconsciente por unos minutos”, mencionó, y agregó que el personal desconocía la circunstancia y fue golpeado duramente.

“Se escuchaban gritos de dolor. Escuché además que decían que había que tirarlos desde el avión”, completó.

Ortiz llegó junto a sus compañeros a la Unidad 9 y mientras lo bajaron de un camión fue golpeado fuertemente en el vientre. A raíz de ese episodio pidió atención médica esa misma noche, por lo que quedó internado por un espacio de 45 días. “Fueron del mismo personal de la Unidad Penitenciaria, fue un golpe muy duro”, recordó.

A las primeras horas de arribar a la Unidad, el testigo contó que lo llevaron a cortarles el pelo a todos, pero menciona su situación particular de salud: “Tenía deseos de orinar. En un momento de la tarde me apretó el pene y sale una gota de sangre. Le explico el problema y uno de los guardias me traslada a la sede del hospital”.

El Doctor Favole, uno de los imputados, es quien intervino quirúrgicamente a la víctima.

A los 20 días llega al mismo lugar Alberto Pinto con diversos problemas físicos. Ortiz dijo que lo conocía de antes porque habían estado en cautiverio en Río Cuarto. “Su estado era bastante malo, de inconciencia, shockeado. A pesar de que era flaco tenía en ese momento un aspecto mas pálido y delgado que de costumbre. Todo sucio y con hematomas en la cara, en el cuero cabelludo y en un costado del tórax. Era severo”, argumentó sobre la situación de Pinto.

De esta manera contó el testigo cómo le tocó ir a las celdas de aislamiento para recibir tormentos por varios días:

Una vez fui llevado a la celda de castigo. Fue tragicómico. Estaba leyendo un libro referido a la mitología griega. El final del libro terminaba con una frase escrita en griego. Lo transcribí en un papel. Lo vio un personal de la cárcel y como no estaba en español fui castigado.

Pinto, los ‘chanchos’ y Favole

Al momento de su detención, ocurrida en la ciudad de Córdoba, Ricardo Enrique Strzelecki trabajaba en Renault, estudiaba agronomía y militaba en el PRT. En principio, permaneció secuestrado en el Centro Clandestino de Detención (CCD) conocido como “La Perla” hasta el 25 de mayo de 1977, cuando fue trasladado al Campo de la Rivera, donde estuvo hasta el 8 de junio.

Luego fue trasladado a la cárcel de Córdoba Nº 1, penal cuyo  sistema de castigo era “muy duro”. Allí permaneció un año y medio, e incluso recordó que en el transcurso “entró gente de Gendarmería, militares y curas, bajo la intención de que se confesaran”.Más tarde fue llevado a la cárcel de San Martín, Córdoba, donde conoció a Alberto Pinto, y de inmediato supo que era epiléptico y que había sufrido muchos ataques.

El traslado hacia La Plata se efectuó en octubre de 1978. “Nos ataron con cables, nos vendaron los ojos y nos trasladaron a un campo”, relató el testigo, suponiendo que se trató de una pista de aterrizaje. “Nos cargaron en un avión de tipo Hércules, me ataron al piso, y a mis compañeros de a dos”, agregó.

En el avión que mencionó el testigo también estaba Alberto Pinto. ”Escuché que se quejaba, supongo que le agarró un ataque o que lo habían golpeado, estaba muy debilitado”, aseguró Strzelecki. Y también menciono a Ortiza, de quien supo que tuvo problemas en la vejiga como consecuencia de los golpes.

En cuanto a las requisas, el testigo refirió que “una vez nos golpearon a todos y nos hicieron una revisación bastante denigrante: nos teníamos que abrir de piernas y nos tocaron por todos lados”.

“El sistema consistía en la falta de reglas, uno nunca sabía si algo que hiciera estaba bien o mal. El objetivo era desgastarnos. Nadie estaba libre de ser castigado”, arguyó Strzelecki. De hecho, un ejemplo lo constituyó una caminata “lenta” junto a su compañero, Germán Ojeda, con quien terminó en el calabozo de castigo.

Al igual que otros testimonios, Strzelecki confesó que “el recibimiento en los chanchos era desnudarse, realizar una serie de flexiones y, mientras las hacían, propinaban trompadas en el estómago y en el hígado”. “Luego nos metían en la ducha fría con jabón para borrar los golpes y moretones que habían quedado”, explicó.

En el reconocimiento, Strzelecki sólo pudo reconocer a uno de los médicos: Luis Domingo Favole. Sin embargo, logró recordar a “Spinetta”, al “Manchado” Fernández y al “Nazi” (Rebaynera).

En otro orden, el testigo asintió que Alberto Pinto también estuvo en los chanchos -celda de por medio- y recordó haber escuchado quejidos e intuido que nadie lo ayudaba. “Tratamos de llamar la atención, golpeando las puertas, para que fuese algún médico. Logramos que vinieran, pero fue peor ya que lo golpearon, después se fueron y no se escucharon más ruidos”, afirmó Strzelecki.

Respecto al papel de los médicos, aseveró que una vez uno de los médicos había pasado por su celda y le había preguntado cómo estaba. Luego pudo escuchar que ese mismo médico estaba en la celda de Pinto y que se preguntó “¿Y a éste qué le pasa?”. “Uh, éste está todo embostado” fue la respuesta y, en efecto, a Pinto le tiraron agua en su celda, según palabras del testigo. “También pude ver por la hendija del pasaplato que lo sacaron arrastrándolo”, agregó.

“Todos los días pasaban médicos y veían lo que estaba pasando. Del grupo a cargo de los chanchos nadie podía estar exento a lo que pasaba”, sugirió  Strzelecki.

Hacia el final de su declaración, el testigo hizo mención a los Pabellones de la Muerte e, incluso, a que “hubo un suicidio dentro del penal”. También aludió a la caracterización de los presos según el criterio de peligrosidad, bajo la denominación DTD (Delincuente Terrorista Detenido).

Ricardo Enrique Strzelecki permaneció detenido casi cinco años y fue liberado en 1981. “En mi caso hubo problemas de adaptación, de reinsertarme en mi familia. Todavía tengo problemas de sueño y debo ir seguido a ver al médico”, puntualizó el testigo.

Paso por la Unidad 9

Juan Antonio Frega aseguró haber estado detenido en forma clandestina por el lapso de un mes durante la última dictadura cívico-militar. Según su declaración, permaneció en cautiverio en la Comisaría Octava de La Plata y de allí fue trasladado en camiones del Servicio Penitenciario Bonaerense a la Unidad Penal Nº 9, donde estuvo desde diciembre de 1978 hasta agosto de 1979.

En la Unidad 9 estuvo alojado en el pabellón 14 y también en un sector de aislamiento llamado “La Siberia”, desde el cual “no había contacto con el exterior, ni periódicos, ni televisión, a excepción de cuando visitaban los familiares”, afirmó el testigo. Y agregó: “ahí no teníamos identificación, no figurábamos en ningún lado”.

Frega refirió a las celdas de castigo conocidas como ‘chanchos’ hacia el final de su testimonio. También reconoció haber tenido la  oportunidad de asistir a los Tribunales y al Consejo de Guerra a los efectos de saber lo que paso en la Unidad Nº 9.

Oler a libertad

Alejandro Marcos Ghigliani fue detenido en Santa Rosa, provincia de La Pampa, el 19 de noviembre de 1975. Allí Estuvo un mes hasta que lo trasladaron a Devoto, donde permaneció hasta octubre de 1976,  cuando ingresó a la Unidad Penal Nº 9. “Los traslados fueron normales aunque apiñados como ganado en matadero”, bromeó el testigo.

Ghigliani recordó la asunción de Dupuy a la Dirección del Penal y que “hubo una requisa general que para nosotros -los que estábamos en el pabellón 16- fue ‘light’, como lo era el pabellón”.

“Salimos desnudos entre dos filas de personal uniformado, llegamos hasta una capilla y de ahí nos volvieron a las celdas”, aseveró el testigo, quien “iba concentrado en esquivar los golpes”. Al volver, siguió estando en el pabellón 16 y afirmó no haber sufrido grandes cambios de celda.

Respecto a las celdas de castigo, Ghigliani aseguró haber estado en una oportunidad. “Una noche estaba charlando con un compañero y jugando al ajedrez con migas de pan, por eso nos llevaron al calabozo”, contó el testigo. “Me dejaron dos días en la celda oscura, donde había una cama de cemento y un agujero en donde hacía mis necesidades”, agregó.

Ghigliani permaneció detenido en la Unidad Nº 9 hasta abril de 1979. “El olor de las calles es una de las sensaciones más increíbles de la libertad”, dijo al final de su declaración.

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About apdhlaplata

La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata es una organización no gubernamental cuyos objetivos son: Defender los Derechos Humanos en su acepción más amplia, contribuir a su enseñanza y a su difusión, dotar a esta temática de sólidos fundamentos jurídicos y académicos con una clara visión de futuro mediante la investigación y la docencia. Llevar adelante los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo. Llevar adelante el Juicio por la verdad, iniciado junto a otros organismos y particulares en 1998 ante la Cámara Federal de La Plata y a las causas penales derivadas del Juicio por la Verdad.

2 thoughts on “Para Carlos Vecchio de Raúl Rebaynera

  1. MAS QUE COMNTARIO ES EL PORQUE DE TANTO ENSAÑAMIENTO HACIA LOS PENITENCIARIO… NO FUERON MILITARES NI POLICIAS QUE QUIZAS ELLOS SI SON LOS RESPONSABLES DE LA HISTORIA… QUE CULPA TENIA LOS PENITENCIARIO DE QUE ESTEN DETENIDOS SI ESTABAN A CARGO DEL P.E.N O DE ALGUN DEPARTAMENTO JUDICIAL??? HOY DECLARO MI VIEJO (REBAYNERA), SE QUE NO SIRVIO DE NADA PORQUE IGUAL LO VAN A CONDENAR PERO LO UNICO QUE LE PIDO A LOS JUECES ES QUE SE INVESTIGE BIEN Y QUE NO ACTUEN BAJO PRESION… TENGO MUCHISIMA COSAS PARA DECIR PERO BUE….

  2. no se esta juzgando a todos los penitenciarios de la u9,, sino los carceleros y medicos q participaron activamente de la tortura y desapricion fisica de muchas de las personas q estuvieron en esa unidad en la ultima dictadura

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