“Sabíamos que los iban a matar”

Jorge Veiga intuyó que los traslados de Dardo Cabo y Rufino Pirles iban a terminar en asesinatos. Otros dos testigos también aludieron a los homicidios e, incluso, a los casos de Horacio Rapaport y Ángel Georgiadis. También declararon un ex agente penitenciario y una “conocida” de uno de los médicos imputados.

Por Secretaría de Prensa y Difusión – APDH La Plata

(29JUNIO2010) – El debate oral y público se reanudó cerca de las once de la mañana con el pedido del abogado de la defensa, Dr. Flavio Gliemmo, de que el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº 1 de La Plata revea la prisión preventiva del imputado Segundo Andrés Basualdo en el penal de Marcos Paz. Asimismo cuestionó el principio de inocencia y solicitó la prisión domiciliaria del imputado.

El primero en atravesar el escenario de la ex Amia para prestar declaración indagatoria ante el Tribunal fue Jorge Hernán Veiga, detenido más de un año antes del Golpe del ’76.

El secuestro ocurrió en enero de 1975 y tuvo, como primer destino, la Unidad Nº 2 de Devoto, para luego ser trasladado en un camión celular del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) a la Unidad Penal Nº 9 de La Plata a fines de 1976.

Veiga calificó de “sádico” al traslado que lo condujo al penal platense. “Llegué encapuchado, me recibieron a los golpes y me alojaron en una de las celdas del fondo”, contó el testigo, haciendo referencia a los pabellones 14 y 16.

La requisa del 13 de diciembre de 1976 fue uno de los hechos a los que Veiga hizo alusión a lo largo de su testimonio: “nos sacaron de los pabellones mediante golpes y maltratos, nos requisaron las celdas, y a muchos nos trasladaron a los llamados ‘Pabellones de la Muerte’”. Así se refirió respecto al cambio de régimen dentro del penal y definió a Abel Dupuy, director a partir de aquél día, como “un personaje siniestro”.

En cuanto a las celdas de castigo conocidas como “chanchos”, el testigo aseguró que “no se necesitaban motivos para terminar en el calabozo” y que él estuvo más de un mes en una oportunidad. “Era pleno invierno y me hicieron bañar con agua helada catorce veces en un día, lo que me provocó una tuberculosis”, relató. Durante ese episodio, también fue golpeado por el “Nazi” Rebaynera y una patota de suboficiales.

En otro orden, el Tribunal preguntó sobre muertes en el penal y Veiga confesó saber que Dardo Cabo y Rufino Pirles habían sido fusilados a raíz de un supuesto intento de fuga. “Cuando los sacaron del penal sabíamos que los iban a matar”, agregó, además de referir a las muerte de Horacio Rapaport y Ángel Georgiadis.

Al momento del reconocimiento, el testigo pidió disculpas por el paso del tiempo aunque pudo reconocer los rostros de tres imputados: Peratta, Basualdo y Rebaynera.

Además de la Unidad Penal Nº 9 en dos oportunidades, el testigo estuvo detenido en Sierra Chica, Rawson y Devoto. “Yo le garantizo la vida de aquí en más”, le dijo Dupuy a Veiga al ordenar su traslado a Sierra Chica. “Eso quiere decir que hasta ese entonces no la tenía garantizada”, infirió el testigo.

Me verás volver

Pablo José Lerner fue detenido el 28 de mayo de 1976 por una patrulla militar y conducido a la Base Naval de Mar Del Plata, donde estuvo cien días hasta su traslado a la Unidad Nº 9 de La Plata en septiembre de ese año.

Para Lerner, el 13 de diciembre no sólo significa cumplir años. Ése día, pero de 1976, su hermana le había hecho pasar una torta para compartir con sus compañeros, y ése mismo día vivió, junto a ellos, la mayor tensión dentro del penal: el régimen carcelario cambiaría para siempre y con él, su director. “Se sintieron ruidos, había civiles con bastones y nos hicieron bajar por las escaleras. Era imposible mirar”, narró el testigo respecto a la requisa.

En cuanto a los ‘chanchos’, Lerner aseguró haber estado en una ocasión durantes tres días y que ”se terminaba allí por cualquier motivo”. “Había que quitarse la ropa y un oficial me empezó a golpear el abdomen hasta que me hizo caer. Mientras me golpeaba había personal subalterno, que también me pegó, con total frialdad”, agregó.

Al igual que el testimonio de Veiga, el testigo manifestó saber del traslado y muerte de Dardo Cabo, según versiones que corrían dentro del penal. Asimismo, recordó haber estado en el patio y haber presenciado visitas de la OEA y la Cruz Roja.

Pablo José Lerner fue liberado durante la Navidad de 1977 en horas de la tarde. Desde aquel entonces, jamás volvió a poner un pie en la ciudad que lo tuvo cautivo. Hasta hoy.

Ser comunista 

A Horacio Martínez Bacca lo detuvieron en Mendoza el 30 de marzo de 1976. Permaneció detenido en el Liceo Militar junto a cincuenta compañeros hasta ser trasladado al Regimiento y, posteriormente, a la Unidad Nº 9 de La Plata, en septiembre de ese mismo año.

El ingreso a la Unidad Nº 9 consistió en una paliza perpetuada por una fila de oficiales: “cometí el error de caerme y quedé tirado en la celda hasta que al otro día vinieron dos médicos”, narró el testigo.

Respecto al cambio de régimen dentro del penal a partir de diciembre de 1976, Bacca afirmó que “el trato hacia los detenidos cambió a partir de una requisa salvaje en la que nos hicieron correr con las manos atrás y la cabeza gacha”. Según el relato, los internos fueron sacados de las celdas y obligados a formar una fila en un salón, donde Dupuy se presentó como “amo y señor de la cárcel”.

Del mismo modo que otros compañeros, Bacca estuvo alojado en los chanchos: “Rebaynera me sacó las zapatillas y me pegó en las plantas de los pies tras haberme puesto la chaqueta de invierno en verano”.

En otro orden, el Tribunal indagó sobre Pinto y el testigo reconoció que había sido golpeado, que era epiléptico y que tenía dificultades para caminar. Luego arguyó que había muerto y que se había enterado por otros compañeros. También recordó los nombres de Rufino Pirles, Dardo Cabo, Ángel Georgiadis, Horacio Rapaport y Jorge Taiana, éste último, testigo que declaró el mes pasado.

Asimismo, Bacca refirió haber mantenido una conversación con Ángel Georgiadis, quien le dijo que habían matado a Dardo Cabo, por lo que el testigo decidió hacer una presentación judicial mediante su abogado, Fernando Torres. Sin embargo, más tarde se enteró que también habían matado a Giorgiadis y Rapaport.

Maricón, borracho y comunista. Ésos eran los motivos por los que en este país, según el juez que intervenía en el penal, se podía estar preso. “Entonces debo ser comunista”, pensó Baccar.

Durante la rueda de reconocimiento, Baccar pudo identificar a Abel Dupuy y a Isabelino Vega, quien lo había llamado para sacarle información por “estar en el pabellón de los Montoneros”.

Horacio Martínez Baccar es trasladado al penal de Caseros a raíz de haber sido clasificado de “recuperable” por una psicóloga del penal y liberado, finalmente, en 1979. Con la libertad decidió volar a los Estados Unidos, donde vive desde hace más de treinta años.

Mención al caso La Sala

El cuarto testigo en prestar declaración indagatoria fue Oscar Ciarlotti, quien fue detenido en marzo de 1974 en la ciudad de Rosario. En principio estuvo en la Jefatura de aquella ciudad, luego en Corondá, Devoto, Rawson, Devoto nuevamente, Santa Fe y en la Unidad Nº 9, adónde llegó en abril de 1977. Allí permaneció hasta 1978, cuando fue trasladado a Sierra Chica y, posteriormente, a Caseros.

De abril de 1977 a abril de 1978, estuvo alojado en celdas individuales de la Unidad Nº 9, donde debía estar en el suelo y comer de rodillas.

 “A los ‘chanchos’ fui por estar sentado en la cama; allí había un oficialito al que le enseñaban a pegar, cómo pegar en las costillas para que no quedaran marcas”, describió el testigo. Y agregó: “allí estuve poco tiempo porque hacía pocos días había muerto un compañero en las celdas de castigo, y creo que su apellido era La Sala”.

En cuanto a las desapariciones de Segalli y Carranza, Ciarlotti refirió: “el día que se los llevaron yo estaba limpiando el pabellón y los vi armar sus monos e irse a la guardia a esperar que los vayan a buscar”. “Para ese entonces, creo que ya habían matado a Rapaport y a Georgiadis”, añadió.

Un ex penitenciario y una “conocida”

El abogado de la querella, Dr. Flavio Gliemmo, había propuesto a Gustavo José Baloira para prestar declaración indagatoria, quien lo hizo en el quinto turno de la jornada.

Baloira ingresó al SPB en marzo de 1975 y se recibió en diciembre de 1976, donde trabajó hasta septiembre del 2004. A lo largo de casi treinta años trabajó en Unidad 9 de La Plata, Olmos, Sierra Chica, Romero, Junín, Varela, Capital y Sumario Administrativo.

En la Unidad 9 su labor consistió en haber sido inspector de vigilancia -cargo en que tuvo de jefe a Rebaynera-, comandante de guardia, oficial de servicio, de guardia y jefe de personal.

En otro orden y según palabras del testigo, “las celdas de castigo estaban a cargo del suboficial” y aseguró que “se hacía un informe que se elevaba al jefe de turno y allí se disponía qué sanción se le aplicara al detenido”.  Y concluyó: “durante el régimen, los oficiales no tenían la potestad para castigarlos”.

Graciela Aletti declaró en carácter de “conocida” de Leonardo Corsi, uno de los médicos imputados por la muerte de Alberto Pinto. Según ella, “lo conozco hace cuarenta años y merece un concepto excelente por cómo se ha desempeñado laboralmente”.

La testigo arguyó haber trabajado en salitas municipales y, desde su profesión de psicóloga, “haber trabajado con compromiso social” junto a Corsi, quien se desempeñaba en lo que hoy es la empresa EDELAP y militaba en la Juventud Peronista.

Lo cierto es que Aletti asegura conocer a Corsi desde hace años, sin embargo, sostuvo haberse enterado de la causa  y del hecho por el cual está implicado el médico a través de los medios de comunicación.

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About apdhlaplata

La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata es una organización no gubernamental cuyos objetivos son: Defender los Derechos Humanos en su acepción más amplia, contribuir a su enseñanza y a su difusión, dotar a esta temática de sólidos fundamentos jurídicos y académicos con una clara visión de futuro mediante la investigación y la docencia. Llevar adelante los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo. Llevar adelante el Juicio por la verdad, iniciado junto a otros organismos y particulares en 1998 ante la Cámara Federal de La Plata y a las causas penales derivadas del Juicio por la Verdad.

2 thoughts on ““Sabíamos que los iban a matar”

  1. Ojala que estos hechos generen conciencia pero también compromiso social con la memoria y la verdad que al fin de cuentas son las banderas de una sociedad que persigue la justicia y la equidad.

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