Adelina Dematti se refirió a los archivos de los asesinatos de Rapaport y Georgiadis

Fue la primera en declarar en la jornada de hoy. Habló de las tumbas NN y se centró en  los dos casos de personas que estuvieron detenidas en la Unidad 9. Además declaró Arguello, quien recordó la visita del gobernador de la provincia de Buenos Aires Saint James al penal. La audiencia continúa luego de un cuarto intermedio.

 (1er informe de la jornada)

POR SECRETARÍA DE PRENSA Y DIFUSIÓN

APDH LA PLATA

(5JULIO2010) Es una de las fundadoras de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, además de pertenecer en los orígenes a Madres de Plaza de Mayo. Había recibido el doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de La Plata en abril pasado por su lucha interminable por la defensa de los derechos humanos.

Adelina Dematti de Alaye se sentó alrededor de las 11 en el mismo banquillo que lo hizo tiempo atrás el desaparecido Jorge Julio López. A pedido de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, se acercó al edificio de la ex – Amia a dar fe de los hechos. El Tribunal Oral en lo criminal federal Número I de La Plata le hizo la lectura del caso y comenzó a interrogarla.

“Tengo un interés por haber sido golpeada familiarmente por la dictadura. Como madre de un desaparecido, como todos los familiares y madres de plaza de mayo tenemos el mandato de ser la voz de los que no tiene voz”, dijo la testigo.

La abogada querellante Alicia Peralta fue la primera en tomar la palabra  y pedirle a la testigo que aporte todos los datos que considere pertinentes al caso.

Adelina se refirió al testimonio que brindó el 11 de noviembre de 1998  en el Juicio por la Verdad y se remitió al pasado: “En la APDH La Plata nos habíamos presentado un pequeño grupo de madres y padres pidiendo en Octubre de 1982 que  se innovara en las tumbas NN del cementerio de La Plata”, contó, y agregó que juntaron elementos para establecer que había alrededor de 400 tumbas NN, y que el 90% figuraba por destrucción de masa encefálica, o sea “asesinatos”.

Finalmente se refirió a los dos casos de personas que estuvieron detenidas en la Unidad 9 de La Plata. Se trata de Horacio Luis Rapaport  quien el 2 de febrero de 1977 a las 9 horas falleció de NN de anemia aguda por hemorragia externa, según se esgrime en los archivos presentados por la testigo.

El otro caso es el de Angel Alberto Georgadis por anemia aguda y hemorragia externa. El 10 de febrero alrededor de la una de la madrugada en 19 entre 53 y 54 se produce su fallecimiento.

Las duras palabras de Juan Arguello

 

El segundo testigo de la jornada es una persona robusta, de metro noventa y gran porte físico, motivo por el cual le permitió aguantar los diversos tormentos y castigos sufridos en la Unidad penal número 9 de La Plata.

“Juro por Beatriz Mancebo, por los 30 asesinatos en la unidad penitenciaria número 9 y por todos aquellos que pelearon por una patria justa, libre y soberana. Juro decir la verdad por ellos”, le dijo al Juez Rosansky antes de comenzar a declarar.

Arguello fue detenido el 8 de octubre de 1975 en Buenos Aires. Tras pasar por Coordinación Federal, la alcaldía de Tribunales y la Unidad II  del servicio penitenciario federal en Villa Devoto,  el 9 de junio de 1976 alrededor de las ocho de la mañana en un doble corralito fue llevado con otros 100 detenidos a la Unidad 9 de La Plata custodiados por un despliegue policial y militar numeroso.

El ingreso se dio en horas del mediodía el 9 de Julio de 1986. Tras  bajarlos de los celulares esposados de a dos, proceden a hacerle un requisa física a cada uno de los detenidos.

Según lo recordó Arguello, quien lo agrede físicamente y lo amenaza de muerte por llevar colgada una cruz es una persona delgada, pelirroja con guardapolvo blanco.

Así es que lo separan y lo trasladan a la Siberia (pabellones del fondo del penal). Va al pabellón 14 sector A en una celda individual y pasa una semana en aislamiento.

Algo válido de destacar es la modificación en el trato dentro del régimen a partir de la asunción del Director Dupuy. “Hasta ese momento había visitas de dos veces por semana en un patio que ahora se llama Dardo Cabo en homenaje al compañero desaparecido”, arguyó el testigo.

Es inevitable no referirse a la requisa del 13 de diciembre como un motivo de “bienvenida” de las nuevas autoridades.

“Tras ser golpeados salvajemente, personalmente hice una gestión con el capellán del penal para la atención médica debida y alimentos necesarios”, contó Arguello, quién militaba en Montonero y sentenció que prácticamente se produce un hurto en las pertenencias de los detenidos.

LA VISITA DEL GOBERNADOR SAINT JAMES

Cuando terminó de recibir la requisa del 13 de diciembre los detenidos comenzaron a sentir que algunas puertas de las celdas se abrían. Es en aquel entonces cuando ingresa un alto jefe militar a la celda, quién resulta ser gobernador de la provincia de Buenos Aires General Ibérico Saint James.

 Según contó el testigo, a través de la puerta pudo ver el perfil del nuevo director Dupuy. “Lo escucho decir a Saint James que  tienen que estar todos muertos”, indicó Arguello, quien los pocos días lo llevan al pabellón 13.

El día 5 de enero de 1977 se produce el retiro del penal de Cabo y Pirles. Al respecto el testigo contó que se enteró lo que pasó por que su hermano junto con su madre formaba parte de la comisión de presos peronistas. A través de ellos se enteraron también habían aparecido noticias periodísticas oficiales donde supuestamente la organización montoneros “había intentado rescatarlos”.

Arguello pasa al pabellón I en la  celda número II donde formaban parte los “Irrecuperables” según catalogaban los penitenciarios. Además habían pabellones como el IV donde permanecían detenidos diversos sacerdotes y seminalistas.

“Tuve el honor de estar en los chanchos”

 

El 7 de mayo de 1977 en el recreo vespertino se produce una de las tantas situaciones que derivan en castigos. Los detenidos formaron en fila y habían dividido los patios de recreo.

El testigo contó lo que sucedió: “Ese día jugaban River y San Lorenzo. En el penal nos ponían la radio. Yo soy hincha de River y un compañero de apellido Brontes de San Lorenzo. Le hago un chiste de fútbol pero  después me entero que uno de los empleados le dijo a Rebaynera que me estaba burlando de él”.

Esta situación derivó en que a Arguello lo mandan a su celda, donde hizo otra acción que no les gustó a las autoridades. “Cometí un error político cuando estaba redactando una parte de la historia de Movimiento Obrero. Para ellos era apuntes tomados como material de propaganda “subversiva”, argumentó el testigo quién es dirigente Sindical desde el año 1968.

Luego de unos minutos  llega un grupo de oficiales, lo hacen desnudar y  lo pone contra la pared. Eran los actuales imputados del juicio: Rebaynera, Fernández y Peratta. Además estaban los oficiales Guerrero y García.

Se produce una charla entre el detenido y uno de los oficiales.

– Rebaynera : “me tenés que dar todos los datos”.

– Arguello: “Yo no soy ni buchón ni traidor, no voy a decir nada”.

– Rebaynera: “Si vos no hablás, cuando terminemos con vos no vas a servir para nada, colaborá”

Esto provocó que la víctima sea llevada a las celdas de castigo, quién confesó algo increíble que transcurrió dentro del penal:

“Lo más perverso no fueron los golpes, porque en realidad no era la primera vez que golpeaban y torturaban. Lo que sigo recordando como una cosa que no me entra en la cabeza es la actitud de García. Mientras esos señores me agredían, García me agarró de los testículos y del pene y pretendió masturbarme”

Luego lo sacaban y le hacían hacer “lagartija” como sometimiento físico, para ser trasladado a la ducha de agua fría. Así sucesivamente hasta el desgaste con golpes de puño y golpes con las zapatillas en las plantas de los pies ya que no dejan marcas a la vista.

“Eran todos oficiales, no hubo un solo personal de tropa. Todo esto duró hasta que terminó el partido entre River y San Lorenzo”, completó, para que lo retornen a la celda de castigo y pase veinte días sin caminar producto de las torturas recibidas.

A partir de marzo de 1977 empiezan a desaparecer familiares de desaparecidos. La madre de Brontes, el hermano de Gonescovich, el hermano de Ernesto Villanueva y las esposas de Jozami y Pirles fueron algunos de los casos que recordó el testigo. Además había compañeros liberados con opción y luego abatidos, como Ramirez.

Arguello estuvo en la primera etapa hasta el 2 de diciembre de 1978. En la audiencia de hoy hizo un reconocimiento de los imputados y la previa descripción y  comentario de cada uno.

Recordó a Basualdo y especialmente a “culito de goma” Romero porque en un cruce personal lo había amenazado de muerte.

A Rebaynera lo recuerda como alguien rubio y alto. “Por eso le decíamos el nazi”, agregó, además de caracterizarlo por los métodos horrorosos de golpes y torturas.

A “machado” Fernández por las manchas en la cabeza, a Guerrero por lo flaco, a Peratta por tener la cara cuadrada y pelo corto tirado para atrás y al Director Dupuy como alguien vestido de forma elegante con su uniforme y que “caminaba de manera arrogante”.

Pudo visualizar a los imputados Rebaynera, Dupuy, Morel y Basualdo. Luego hizo una descripción de la infraestructura de Unidad 9 con los repartos de pabellones y el Juez Rosansky solicitó en un futuro la visita a la unidad junto al testigo y el total de las partes.

SEGUNDA ETAPA EN UNIDAD 9

Arguello contó que en La Plata ya no existían más los pabellones I y II en 1980, y que él  va al pabellón IV. “El régimen cambió en algunas cosas. En las dos épocas yo hacía turno de limpieza”, dijo.

Lo que encuentra además es que no había requisas tan continuas como antes. Otro detalle se enmarcaba en que se había instalado una red para jugar al vóley y dejaban ingresar  algunas revistas.

Hubo visitas con el mismo sistema de dos filas de bancos pero lo que nunca mejoró “fue la comida”.

Finalmente Arguello estuvo hasta el 8 de marzo de 1982 en la Unidad número 9 de La Plata. “Ese día se había habilitado la cancha grande de fútbol. La gente de las inferiores de Newells nos había mandado camisetas” concluyó.

2 DO INFORME

“Yo no subvertí el orden. Ellos hicieron un golpe de estado”

 Palabras de Alfredo Nicolás Battaglia al ver que en su legajo decía en letra grande la palabra “subversivo”. El testigo se hizo presente en la sede de la ex amia para contar su historia referida a su paso por la Unidad 9.

 Comenzó su relato haciendo un breve recorrido por los lugares donde estuvo detenido previo a llegar a la Unidad.

 El  24 de marzo de 1976 fué detenido “antes de conocer que se había producido un golpe de estado”.  Entre los lugares por la que pasó el testigo mencionó la prefectura Marítima de Mar del Plata, la Base Naval y distintas comisarías de esa ciudad. Más tarde, junto con otros compañeros, fueron trasladados a “La Cueva”. “Fuimos los primeros en inaugurar ese centro clandestino de detención”, dijo el testigo, ya que según sus palabras escuchó como personas hablaban y organizaban el lugar:” escuchábamos directivas de donde había que poner la mesa de torturas”.

Para noviembre de 1976 la víctima se encontraba en la cárcel de Devoto, allí permaneció poco tiempo hasta que fue trasladado a la Unidad 9.

De manera elocuente se refirió al traslado hacia La Plata “había cientos de presos, fue un desfile de camiones celulares”. Una vez en el lugar el testigo contó que los hicieron bajar con la cabeza gacha y las manos detrás “a los golpes y a las patadas” los llevaron hasta un pabellón en la planta baja

También se refirió al hecho más trascendental que se produjo en el penal: la requisa del 13 de diciembre. El testigo sostuvo que ese día “se produjo una invasión de gente, de gritos abriendo las celdas y sacando a todos afuera  a las patadas y a las trompadas”.

En ese orden, manifestó que al regresar vieron que les habían robado todo lo que tenían: “nos sacaron los libros, se llevaron una biblioteca entera en relación a la cantidad de presos que había”.” El trato fue completamente distinto luego del 13 de diciembre”, arguyó.

A lo largo de su relato, el testigo pudo describir de manera gráfica los diferentes lugares y situaciones por las que atravesó.

Uno de ellos fue referido a los calabozos de castigo conocidos como “chanchos” los cuales visitó una vez en septiembre de 1977.

El primer día pudo escuchar los gritos de sus compañeros que estaban en otras celdas y afirmó que a el no le pegaron en esa oportunidad.

Permaneció allí quince días en total dentro de los cuales fue victima de torturas de todo tipo: “te torturaban con el agua, te la ponían en la boca hasta ahogarte“. Por otro lado, hizo mención a la tortura psicológica que padecían “cuando nos empezábamos enjabonar ahí nos decían que saliéramos”.

En relación a ello, Battaglia se refirió al intento de deshumanizar a los presos y las ansias de destrucción que tenían el personal de la Unidad:

“Te daban una ropa atada con alambres, con hilos, llena de pulgas. Te tiraban un colchón mugriento. El baño era un agujero en el piso .Para lavarnos la cara teníamos que poner la mano en esa agujero y sacarla”, concluyó.

 “Éramos detenidos a disposición de un grupo de la policía capitaneados por Camps”.

 Seguido de Battaglia, Juan Destéfano ingresó al escenario de la sede para prestar declaración ante el Tribunal.

 La victima fué detenida en Capital Federal y llevada a la Comisaría 22 de esa ciudad para luego ser trasladada al Primer Cuerpo del Ejército. En  agosto de 1976 llegó a la  unidad 9 donde permaneció un año y medio.

Manifestó que fue recibido violentamente en La Plata “me dieron una ropa azul y fui depositado en el pabellón 10”.

 Como toda historia que aquí se escucha, tiene sus características y particularidades que la hacen única e irrepetible. La de Destéfano es una más que se suma.

Una vez en La Plata, el testigo mencionó que  fue sacado y devuelto a la unidad en varias oportunidades, “en total fueron 7 las veces que salí y volví”, refirió.

Recordó que la primera vez que lo sacaron era de de noche, estaba vendado y con las manos atadas detrás: “la primera vez fui llevado al puesto vasco” manifestó.

Luego explicó que los días lunes lo sacaban y lo llevaban a un Centro clandestino de detención diferente como lo fué: el Coty Martínez, Arana, Brigada de Investigaciones, Puesto Vasco. Los días viernes lo retornaban de vuelta a la Unidad 9 ya que los sábados lo visitaba su familia, quienes no se enteraron hasta después que estaba siendo trasladado. “Siempre la misma rutina, me llevaban los lunes y volvía los fines de semana “.

Por otro lado, aseguró no haber estado en los  calabozos de castigo pero que “se sabia que había calabozos y que el régimen era muy duro”.

También hizo alusión a la requisa del 13 de diciembre, “un día nos desvistieron a todos, nos sacaron de las celdas para requisarlas. Éramos dos mil personas corriendo por el penal desnudos.No había forma de zafar de una hilera de guardias que golpeaban a todo lo que pasaba.”, arguyó.

 “el castigo físico constante, así defino a la Unidad 9”

 Llegando al final de la jornada Guillermo Martínez Agüero fue l siguiente  testigo que brindó testimonio. La victima contó que fue detenido el 25 de octubre de 1974.

Pasó por diversas Unidades penales antes de arribar a La Plata entre las que se encuentran la Penitenciaria de Mendoza, luego la cárcel de Villa Devoto, más tarde la Unidad 7 de Chaco para luego si,  en septiembre de 1978 llegar a la Unidad 9.

El testigo mencionó que al llegar a la unidad  fué llevado junto con otros compañeros a los calabozos de castigo donde permaneció 7 días. “Nos cortaron el pelo nos dieron un jabón y nos metieron abajo de la ducha de agua fría”, dijo el testigo en relación a lo que sucedía dentro de los “chanchos”. También se refirió a los gritos que se escuchaban “de las palizas que recibían los compañeros”. “Nos daba la impresión de que se les pegaba con alguna ojota”, explicó.

 Supo por los compañeros de la requisa del 13 de diciembre  y la asunción de un nuevo director. Lo recordó ya que en la cárcel de Mendoza había pasado algo similar en junio de 1976, “se aplicada la misma modalidad cuando asumía un nuevo director”, expresó.

En relación a los médicos, la victima manifestó nunca  haber recibido atención médica ni haberla pedido ya que consideraba “que los médicos estaban cumpliendo la tarea de represores”.

Llegando al final de su declaración, recordó haber estado en el pabellón 13 y más tarde pasar al pabellón 1,”.permanecí allí hasta el 2 de diciembre de 1978 cuando fui trasladado a Sierra Chica”,concluyó.

 Ser testigo

 Por último, Luis María Vázquez Ahualli se sentó frente al Tribunal platense para brindar su testimonio.

Por fuerzas provenientes del Ejército el testigo fue secuestrado en septiembre de 1975, permaneció un tiempo desaparecido hasta que finalmente lo legalizaron .Arribó a la Unidad 9 en septiembre de 1976.

Proveniente de la provincia de Mendoza, fué trasladado en un avión Hércules con más de 100 detenidos. Aparte de las esposas ,el testigo mencionó que también iban  encadenados:” Estábamos con la cabeza bien gacha entre las piernas y mientras tanto los guardias caminaban por nuestras espaldas al mismo tiempo que nos pegaban”, manifestó.

A los golpes los metieron en los camiones celulares. Una vez que llegaron a la Unidad 9 los hicieron correr por una hilera de penitenciarios que les iban  propiciando todo tipo de golpes.

 Fue alojado en una celda en el pabellón 13. Estando allí, recordó que en una oportunidad ingresaron tres guardias que le pegaron “por ser tucumano”.

 El testigo expresó haber estado varias veces en las celdas de castigo. “iba por cualquier cosa, por sentarme en la cama, por no correr, por cualquier cosa uno podía ser castigado”.

Apelando a su memoria, señaló que quien mandaba en las guardias de los chanchos era el “machado” Fernández ya que tenía especial interés en saber como estaban los calabozos, cuanta gente había y demás. “Esa era su función, organizar esa parte.  El sabia cuanta gente debía estar en las celdas de castigo”, manifestó.

En el mismo orden, aseguró que había un sistema: “de repente se habría con fuerza la puerta, tenias que poner la cabeza bien gacha, las manos atrás y empezar a correr”. El testigo lo calificó como “una ceremonia” ya que siempre la metodología era la misma, “luego te tenias que desnudar y te entraban a dar una paliza”.

 Al final de su testimonio el testigo se refirió a un hecho de vital importancia que se juzga en este juicio: la muerte Marcos Ibáñez Gatica.

Contó que compartía el recreo con Gatica ya que estaba en pabellones cercanos, que eran amigos y  e compañeros de militancia en Mendoza.

  Recordó que en una oportunidad estaban en el patio y vió que Gatica hizo un movimiento con la mano como” espantando una mosca”.  Por ese motivo, fue llamado por los guardias, separado del recreo y llevado al calabozo de castigo.” Esa fue la última vez que lo vi”, indicó el testigo. Más tarde supo que lo habían matado.

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La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata es una organización no gubernamental cuyos objetivos son: Defender los Derechos Humanos en su acepción más amplia, contribuir a su enseñanza y a su difusión, dotar a esta temática de sólidos fundamentos jurídicos y académicos con una clara visión de futuro mediante la investigación y la docencia. Llevar adelante los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo. Llevar adelante el Juicio por la verdad, iniciado junto a otros organismos y particulares en 1998 ante la Cámara Federal de La Plata y a las causas penales derivadas del Juicio por la Verdad.

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