“A Marcos Ibañez lo mataron en un calabozo”

Lo aseguró el último testigo del juicio sobre una de las víctimas de la cárcel de Unidad 9 en dictadura. Luego de la declaración darán su versión más  imputados, y para la semana que viene están previstos los alegatos.

 Por Secretaría de Prensa y Difusión

APDH LA PLATA

(Primer Informe)

 (13SEPTIEMBRE2010) Luego de esperar hasta las 13.30 se retornó a la audiencia del juicio que llega a los cinco meses de duración, donde Luis Aníbal Ribadeneira declaró en carácter de testigo por lo sufrido en la Unidad 9 desde su llegada a mediados de 1976. Además de destacar la muerte de su compañero de celda Ibáñez, dijo que Zabala “era de los que más torturaban y golpeaban” por haber trabajado para las fuerzas policiales.

 Como en cada comienzo de declaración, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Número I de La Plata presidido por el Juez Rosansky le preguntó al testigo los pasos previos hasta llegar a la Unidad y las condiciones que le tocó vivir dentro del penal. Ribadeneira pasó por Prefectura Puerto La Plata, 1 y 60, y cuando quedó a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) lo llevaron a la Unidad 9 entre mayo y junio de ese año, según aclaró, aunque en el Juicio Por la Verdad en 2005 había mencionado entre Agosto y Septiembre.

 Ante la presencia de unas cincuenta personas en la sala de calle 4 entre 51 y 53, el testigo refirió el momento de la llegada a la Unidad:Fue como la de todos. La entrada con los empleados de la unidad y la recepción que consistía en una seguidilla de golpes e insultos”.

 Luego se tomó unos segundos y disparó: “El quiebre de estar mal a estar peor se produce el 13 de diciembre. Se decía que por el día del petróleo el Teniente Videla iba a visitar La Plata. Nos abrieron las puertas a la madrugada, nos hicieron salir desnudos bajo una seguidilla de golpes con palos a recorrer todo el penal”.

 Una particularidad que se pudo escuchar en el relato fue que la víctima tiene un apellido similar al del imputado Rebaynera, aspecto que llevaba a que el oficial que apodaban “el nazi” lo tildara como “tocayo”, en los momentos que le pegaba en las celdas de castigo. El testigo recordó que estuvo entre 9 y 10 meses entre los calabozos: “Un día no me pude afeitar y fui  cinco días al calabozo, que era tortura. Es decir un lugar donde había ocho calabozos de ambos lados con duchas previas. Llegaban, te desnudaban, te hacían abrir el agua fría con un chorro fuerte y a enjabonarse mientras empezaba la sesión de golpizas”, recordó.

 Era tal el entrenamiento de las personas acusadas de crímenes de lesa humanidad que según la declaración de Ribadeneira y en consonancia con decenas de testimonios pasados, los lugares de golpiza eran estratégicos para que no queden secuelas pero que el daño se concrete, como por ejemplo en el rostro. “Así desnudo lo mandaban al calabozo, un lugar de dos metros por tres con una letrina y un banco de cemento”, completó.

 Con respecto a los médicos, mencionó que normalmente el médico iba todas las mañanas, miraba por la mirilla y preguntaba como estaba, pero que solo era una “formalidad”. Incluso contó una situación que soportó cuando tuvo una infección en un párpado. “El médico y me dijo que no tenían elementos. Me hizo una incisión y me quedó uno más bajo que otro. Uno los pedía cuando estaba muy mal o cuando quería salir de la celda”, sentenció.

 Sobre las condiciones dentro de la unidad también indicó que en invierno todos los días se bañaban con agua fría y destacó el caso de su compañero de celda Marcos Ibáñez. “Estoy absolutamente seguro que lo mataron en un calabozo. Había sido sancionado cuando salimos al patio y no lo vi nunca más. Siempre me decía que iba a estar complicado por pertenecer a Montoneros”, arguyó Ribadeneira.

 Otro de los aspectos que argumentó el testigo tiene que ver con que “una de las características de Unidad 9 era que siempre se podía estar un poco peor”.

 Según explicó, una noche lo desnudaron, lo tiraron al piso, le empezaron a pegar en la planta de los pies con una tablita de madera, mientras lo agarraban de las extremidades. “Fue muy doloroso”, mencionó y agregó que estuvo mucho más tiempo en el calabozo porque no podía caminar. “Me dejaron más tiempo hasta que bajó la hinchazón de los pies” concluyó.

 En relación a los imputados se acordó del “Nazi” Rebaynera  como alguien delgado, alto y rubión (aunque le mostraron en 2005 fotos en el marco del Juicio por la Verdad), y de Basualdo como una persona de más de treinta años en aquella época, más baja, morocha y robusta.

 El testigo trabajaba en una siderurgia cuando lo detuvieron. Recordó además que lo interrogó un militar conocido (testigos anteriores han dicho que era Sanchez Toranzo) luego de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y que “se creían los dueños” de su vida porque pasaban de la pasividad a la tensión de un momento a otro.  

Pasadas las 15 horas se reanudó la audiencia a la espera de que Jorge Luis Peratta prestara declaración indagatoria. El imputado aseguró “no sentirse bien “y que prefería hacerlo en la audiencia de mañana.

La razón que utilizó fue que su estado de salud es delicado producto de la huelga de hambre que viene sosteniendo desde hace ya dos semanas. Por ello,  solicitó  que lo atendiera un médico y aseguró que mañana estará en mejores condiciones de sentarse frente al Tribunal.

 Abel David Dupuy quien fuera director de la Unidad 9 a partir del día 13 de diciembre de 1976, fue llamado por el Tribunal a efectos de prestar declaración. De traje gris y con muchos papeles en mano como ayuda memoria, inició su relato contando como fue su llegada al penal: “Para el día 12 de diciembre de 1976 yo me encontraba trabajando en la Unidad 5 de Mercedes, en ese entonces también estaban Vega y Ríos trabajando”, dijo el imputado y agregó que ese día le notifican que debía presentarse en la Jefatura de Servicio Correccional de La Plata.

 Al día siguiente,  se encontró con el  Coronel Gulliensi, jefe de Servicio Correccional, quien lo designó como director de la Unidad 9 de La Plata. “Tanto la Unidad 9 como el Penal 2 de Sierra Chica pasaron a estar a la disposición del ejercito”, sostuvo el imputado.

 Para Dupuy el penal estaba estrictamente baja la dirección militar, correspondiente al área de operaciones 113: “estábamos bajo la esfera militar”, arguyó y afirmó que cualquier orden la imponía el ejército.

Respecto a asunción, Dupuy afirmó que el entonces subdirector Torcha lo puso al tanto de que la mañana anterior habían requisado la totalidad de la Unidad. Esto deja de manifiesto que, según el imputado, no estuvo presente el día que se produjo la brutal requisa del 13 de diciembre de 1976.

 Respecto a la organización del penal, afirmó que  había presencia militar dentro y fuera como así también,  personal del servicio penitenciario quienes custodiaban los alrededores de la Unidad.  

Hasta ese momento, según Dupuy, había solo un pabellón de presos políticos. Luego de su llegada, empezaron a  ingresar muchos detenidos políticos: “Todo tipo de detenidos, de derecha, izquierda, gremialista, había una mezcolanza”, sostuvo el imputado agregando que luego hubo una organización para “mantener la paz interna y luego trabajar con los internos”.

 Refiriéndose a los egresos, dijo que las libertades estaban a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN), del Consejo de Guerra, o de los jueces: “nosotros éramos los últimos en tomar conocimiento”.

En relación a ello, hizo mención al caso Carranza, Segalli y Domínguez del cual se enteró porque  “sintió gritos alrededor del penal”.

”Ordené que saliera personal  armado  para  verificar que había pasado. No me extrañaron los gritos, era frecuente que se escucharan ya que detrás del penal se encuentra el barrio Monasterio”, fue el argumento del imputado.

Asimismo, sostuvo que al otro día a la familia de Domínguez le mostró el libro donde decía que había salido en libertad, que debido a los gritos mandó una patrulla y “que no pudo encontrar nada”.

 El imputado se refirió  también a los casos de  Crea,  Georgiadis y Urien. “De Georgiadis y de Urien vino la documentación legal y llegó un militar con un cargo mayor  y  en mi presencia no los encapucharon”, dijo Dupuy en relación a la salida de los internos de la Unidad.

 “A la tarde vino el hermano de Urien  a preguntar por el hermano y le dije que lo habían trasladado al Regimiento 7, luego vinieron a buscarlo a Rapaport .Yo les informo que había salido  de la Unidad como corresponde”, manifestó.

Dupuy sostuvo que tomó conocimiento de que :“Georgiadis y  Rapaport se auto infringieron heridas en el regimiento 7”. También dijo que se enteró “extraoficialmente de las muertes de Dardo Cabo y  Rufino Pirles.” “Fue lo que salió en los diarios, la cámara Federal  dice que salieron a las 20 horas en verano, el contacto  con los militares no era fluido y   no me informaban  de nada”.

En relación al papel de los penitenciarios, arguyó no creer que los oficiales les pegaran a los internos,  y  dijo  que ver un inodoro a la turca para el “estaba bueno” porque en otros penales esto no existía y debían hacer sus necesidades en unos tachos individuales.

 Ante la pregunta sobre Pinto el imputado Dupuy recordó que un domingo de noviembre le comunicaron   sobre un interno que  habían sacado de la celda de  aislamiento :“yo lo vi  golpeado con moretones, con golpes “ dijo y afirmó  que le dio el respaldo al cuerpo médico para que actuara como correspondía .

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La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos La Plata es una organización no gubernamental cuyos objetivos son: Defender los Derechos Humanos en su acepción más amplia, contribuir a su enseñanza y a su difusión, dotar a esta temática de sólidos fundamentos jurídicos y académicos con una clara visión de futuro mediante la investigación y la docencia. Llevar adelante los reclamos de Memoria, Verdad y Justicia para nuestro pueblo. Llevar adelante el Juicio por la verdad, iniciado junto a otros organismos y particulares en 1998 ante la Cámara Federal de La Plata y a las causas penales derivadas del Juicio por la Verdad.

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