En una acción insólita cinco imputados inician huelga de hambre

La situación podría extenderse al resto de los penitenciarios y médicos acusados de delitos de lesa humanidad. Los argumentos se basan en la “falta de derechos” y la disconformidad con el juicio.  Acuña hará una presentación formal ante el Tribunal.  Hoy declaró un solo testigo.

 POR SECRETARÍA DE PRENSA

 APDH LA PLATA

 (30AGOSTO2010) La jornada amanecía lenta ya que pasada la una y media de la tarde comenzó la audiencia en la Ex – Amia, pero la nota de la jornada la dieron cinco imputados que decidieron tomar una acción inusual ante un futuro adverso. Desde el mediodía los penitenciarios Peratta, Morel, Acuña, Rebaynera y Ríos decidieron dejar de comer a modo de “protesta”.

 Según pudo averiguar este medio, la decisión podría abarcar al resto de los acusados aunque hay una “discusión interna” ya que los médicos Corsi, Jurío y Favole no estarían de acuerdo con la decisión.

 Los motivos los dará a conocer el imputado Hector “Oso” Acuña de manera formal ante el Tribunal presidido por el Juez Rosansky, aunque las fuentes consultadas esgrimieron que acusan “ausencia de derechos” que van desde la alimentación que reciben (entre otros aspectos) hasta la disconformidad con el juicio desarrollado desde abril.

 Arias: “La U9 se tiene que acordar del 13 de diciembre de 1976”

 El primero en declarar fue un hombre que dentro de la Unidad 9 en dictadura se llamaba Pedro Alberto Rodriguez. Pero su verdadero nombre es Héctor Ricardo Arias Annichini.

 El 30 de marzo de 1976 fue detenido cerca de la entrada a González Catán en Ruta 3. Luego pasó por Puente 12, por el Pozo de Banfield junto a un compañero de apellido Navarro, el Cuartel de la Tablada, la comisaría de Villa Madero y la cárcel de Devoto antes de su llegada a la Unidad 9 a fines de junio de 1976.

 “Me llevaron a la Siberia, el pabellón 16 a”, expresó el testigo, quién recordó luego la requisa del 13 de diciembre como un cambio radical en el trato hacia los detenidos. “Toda la Unidad 9 se tiene que acordar de ese día porque hubo una requisa masiva”, indicó, y agregó que tuvo suerte porque cuando llegaron al fondo ya estaban “cansados” de pegar, al “masacrar a golpes” al resto de los detenidos, aunque también sufrió tormentos por parte de los penitenciarios.

 Otro de los aspectos que comienzan a diferenciarse se basan en la  llegada de diferentes oficiales “muy jóvenes” en su mayoría, con su uniforme nuevo, sus botines lustrosos y su impronta de “súper macho” con quienes no podías hacer ningún tipo de resistencia. “Empezó la persecución y el hostigamiento de señores que se enojaban por nada y nos llevaban a los calabozos de castigo”, confesó el testigo.

 Arias estuvo en 1978 en las celdas de castigo, como la mayoría de los detenidos. “Me pegaron trompadas, me metieron debajo de la ducha. Luego me llevaron a un calabozo oscuro de aislamiento. La única novedad era cuando venía el recuento a las siete de la tarde, y a las doce de la noche me tiraron un colchón”, recordó sobre aquella situación.

 Las torturas a Alberto Pinto y la visita de la CIDH

 Según los relatos del testigo, un día entró un compañero que recibía insultos y golpes de las autoridades del penal. “Parecía autista por su actitud de no responder” expresó, aspecto que llevó a que cinco penitenciarios le pegaran con los “botines” sobre el cuerpo inerte, sin reacción alguna por parte de la víctima.   

 Fue tal la atrocidad que varios detenidos gritaron “basta” ante el hecho, y solicitaron con urgencia la presencia de médicos. “Cuando lo dejaron al compañero se empezó a quejar pero no hablaba, no podía ni pedir auxilio”.

 Algo que le quedó marcado a Arias fue la cara de un imputado. Es que según lo declarado el machado Fernández entró a su celda y le pegó junto a otro penitenciario porque lo “engancharon” viendo lo sucedido.

 El compañero se quejó toda la noche. A la mañana siguiente vino el recuento y no se lo escuchó más. “Pensé que lo habían llevado al médico”, fuero las palabras de Arias.

 De quién hablaba era de alguien nombrado en distintas oportunidades durante el juicio: Alberto Pinto. “Nos enteramos a los cinco meses que había muerto. Sin duda era por eso, por los terribles golpes recibidos”, expresó sobre la víctima que además sufría de epilepsia.

 Según lo que precisó Pinto no tenía respuesta, no hablaba, tenía quejidos roncos que le taladraban la cabeza al resto de los detenidos. “Se había cagado y le tiraron agua” sentenció al respecto.

 Al momento de hablar sobre los imputados, recordó al “nazi” Rebaynera. Por otra parte, a Basualdo lo mencionó como alguien de “muy buen estado atlético”, quién era temible por la pegada; y Fernández “era robusto con una mancha en el cabello”. Por último mencionó Peratta “Era más grande de edad y muy golpeador”, según hizo referencia. 

 Dardo Cabo estaba en su mismo Pabellón, y lo llevaron para adelante. Ahí el testigo vio ropa verde (militares) dentro del penal por primera vez. “En realidad pudimos deducir que la Siberia era el lugar de alojamiento de los que llegaban y hacían la selección previa”, arguyó.

 “Tenían la opción de elegir y ser más humanos. Para nosotros la Unidad 9 era parte del circuito represivo y el aniquilamiento de los militares. Luego nos enteramos los compañeros que mataron, los familiares que hicieron desaparecer como por ejemplo los del compañero Elizalde, que lo conocía porque fuimos detenidos en la dictadura anterior”, dijo Arias, y completó luego que el Coronel Sánchez Toranzo lo fue a interrogar al penal varias veces.

 El testigo estuvo siempre a disposición del PEN y dentro de la unidad pasó por casi todos los pabellones del fondo. En 1979 después de una visita de los militares lo pasan a los pabellones de adelante, donde estaba el cuatro con una ventana. Fue cuando se hizo presente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

 El Doctor norteamericano Tom Farrel de la CIDH  le dijo: “para decir verdad, no podemos hacer nada. Si yo saco a luz su situación no le puedo garantizar la vida. Esa es la cruda verdad. Vinimos con un montón de denuncias. Lo que encontramos es  superior a lo que pensamos. Estamos con las manos atadas”

 Arias estuvo hasta el 9 de julio de 1981 en la Unidad 9. Cómo última reflexión ante los presentes, exclamó: “Esto que dije lo tuve guardado 32 años y soy la voz de Pinto que reclama justicia”.

 Vale destacar que la jornada de mañana se dará en los tribunales de 8 y 50 ya que prestarán declaración testigos que viven lejos de la ciudad por lo que el soporte será por Teleconferencia a partir de las 9 de la mañana.

Slepoy: “Se eliminaron a los que pensaban distinto”

 La segunda parte de la jornada se completó con tres testimonios que dejaron constancia del accionar policial y militar, con torturas, golpes y asesinatos como parte del plan de exterminio del gobierno de facto.

 POR SECRETARÍA DE PRENSA

 APDH LA PLATA 

(23AGOSTO2010) A las cuatro de la tarde volvió a desarrollarse el juicio tras un extenso cuarto intermedio. La novedad de la jornada era el rechazo del  Tribunal al planteo de la defensa de nulidad en la ampliación de carátulas a los médicos Favole, Jurío y Corsi.

 Carlos Alberto Slepoy fue detenido por personal de la Marina en Chacarita un sábado al mediodía días antes del Golpe Militar del 24 de marzo de 1976.

 Se había recibido de abogado en septiembre de 1975 y habían formado un grupo de una docena de abogados con el objetivo de asesorar a personas en el ámbito del derecho laboral. Vale destacar que varios de ellos están desaparecidos.

 Pasó luego por la ESMA, Coordinación Federal y la cárcel de Villa Devoto hasta aproximadamente Octubre. “Fue un oasis al lado de lo que fue la Unidad 9”,dijo.

 “Había euforia del personal penitenciario por el Golpe de Estado”

 La llegada a Unidad 9 fue descripta con precisión por el testigo. “Nos hicieron desnudar y pasar por una fila india. Hubo golpes de machete, de patadas. Cada uno fue a parar a las celdas que se podía meter. He visto personal vestido de blanco”, manifestó el testigo, quién recordó al carcelero de apellido Peratta que llamaban “el vietnamita”.

 Cuando estaba en el pabellón 16 b vivió la requisa de diciembre de 1976. Empezaron a ver “tremendos” ruidos en la cárcel, los hicieron correr con saltos de rana y lagartijas entre otros sometimientos. “Fue una tremenda brutalidad con heridas y fracturas en muchos detenidos”, contó Slepoy.

 Se había iniciado una etapa mas dura que por cualquier motivo uno podía ser enviado al calabozo, donde dos veces tuvo que pasar por las celdas de castigo. En ese caso recuerda a dos carcelarios que no están imputados en el juicio: la “Chancha” Alvarez y Guerrero.

 “Uno entraba y lo metían bajo un chorro de agua fría sin importar la época del año. Recibías golpes. Hacía salto de rana, flexiones, lagartijas y era depositado en una celda. Estaba a oscuras prácticamente”, contó, y agregó que vio en reiteradas ocasiones situaciones de compañeros que eran torturados y burlados por las autoridades, e incluso Guerrero le dio una paliza tan brutal a un compañero que no pudo levantarse por tres días.

 A partir del 13 de diciembre se vivió una situación de “terror” que “se confirmó con los asesinatos de Georgiadis y Rapapport”, expresó Slepoy, sumado a los diversos secuestros y desapariciones de familiares.

Su hermana Silvia fue secuestrada a principios de septiembre de 1977 y  liberada cuatro días después. Por su parte la madre del testigo visitaba al Coronel Gatica para obtener la libertad de su hijo. “Jamás se me imputó ningún tipo de delito pero estuve 20 meses en la cárcel”, reveló.

 Luego de las gestiones realizadas por la familia, Gatica lo interrogó y a los dos meses salió publicado en Clarín que tenía el pase para poder emigrar. “Me trasladaron llamativamente esposado en un tren. Estuve durante unos días en Coordinación Federal para ir a Ezeiza y exiliarme” dijo.

 Vale destacar que además de ser citado como testigo de lo que ocurrió, Slepoy es abogado y declaró además en carácter de concepto. Estas son algunas reflexiones que se pudieron escuchar en la jornada de hoy:

 Todos los lugares por lo que yo pasé eran personas que formaban parte de diversas organizaciones. Era gente que de alguna otra manera había desarrollado su pensamiento y tenía un motivo de existencia: construir una sociedad distinta a la que estaba. La idea de poder imponerse sobre estas personas con amedrentamiento.

 A partir de la dictadura se produce la concentración carcelaria. La Plata se llena de presos políticos. Se dio también en Sierra Chica y Unidad 1 de Córdoba, como algunos ejemplos. Tuvimos la suerte de sobrevivir porque fuimos detenidos antes del Golpe Militar.

 Acá no hubo la existencia de dos demonios que se enfrentaron entre sí, si no un plan para exterminar a aquellos grupos opositores para los militares. Eso se llamó Proceso de Reorganización Nacional. Cientos de centros clandestinos de detención para crear una nueva nación para eliminar a aquellos que pensaban distintos. Eso se llama Genocidio.                                                        

 Se trata de eliminar a los que no pueden ser recuperados y reintegrar a aquellos al proyecto de nación. Ese era la idea de las Fuerzas Armadas

 A veces me da la sensación de ser un privilegiado al compararme con lo que les sucedió a otros compañeros. Estuve durante varios días con dolor de muelas. Logré que me llevaran al dentista, que me la sacó sin anestesia cuando se podía salvar.

 Quiero destacar el plan General del ejército a fines de 1975 repartido en febrero de 1976 donde se dice que se considera como oponente a todas las organizaciones e individuos integrados en ella, se opongan a la toma de poder y/o obstaculicen de cualquier forma el normal funcionamiento del poder militar. Oponentes activos y potenciales. Se incluye una larga lista de partidos políticos, organizaciones de derechos humanos y religiosas. A esto se dirigió el gobierno de facto

 Cipoleone: “Era un régimen severo, no se podía hacer nada”

 A las siete de la tarde declaró de manera breve Carmelo Cipoleone,  detenido en su casa  por la Marina  el 24 de marzo de 1976  y llevado en un micro pasa  por  la comisaría de Berisso, por la  puerta de Astillero  Río Santiago y luego  fue llevado a la escuela Naval.

 Sobre la estadía en la Unidad 9, sintetizó: “Estábamos adentro de la cárcel y el que podía embocarte con un golpe te embocaba. A mí me rompieron una costilla, luego nos llevaron a un lugar donde nos pusieron contra una pared y nos continuaban golpeando”.

 Luego de un tiempo de tensión un penitenciario   se presentó  y  les dijo que era el director,    que se quedaran tranquilos,  que podían fumar. Además, Cipoleone destacó la nula ayuda médica: “De ahí nos llevaron a los médicos estaba en un lugar como una salita, y yo le plantee lo de los golpes y  me dijo acá nadie  le ha pegado a nadie. Me dio una pastillita blanca, la costilla jamás fue atendida”.

 Fueron dos meses de odisea para el testigo, quién sabía que había un pabellón de castigo pero yo nunca asistió. “Nunca me  dijeron por qué habíamos llegado a ese lugar. Lo peor que le puede pasar a una persona es perder la libertad”.

 Por ultimo Cipoleone resaltó: “Cuando estábamos encerrados en la celda recuerdo que  era un régimen completamente severo. No se podía  ver a nadie en los pasillos, no se podía tener nada le sacaban todo y en los recreos no se podía ver la cara a los guardia cárceles uno entra en una situación de violencia que no sabe como termina,  pero en el recreos  algunos reconocían quién le pegó.”

 Russo: “Me golpeaban en la planta de los pies de manera constante”

  A las 19 24 horas  declaró Horacio Hugo Russo quien estuvo dos veces en la Unidad 9. Fue secuestrado el 22 de julio de 1975 en su domicilio donde lo llevaron al centro clandestino de detención El Vesubio. Ahí estuvo hasta el año 1978 que lo trasladan a  la comisaría 8 de La Plata.

 “Se me agudizó un problema respiratorio que había adquirido en el Vesubio, vino alguien que dependía del regimiento 7 de la Plata y me dio unas pastillas que decían Ejército Argentino. Luego nos trasladaron a la U 9 donde me llevaron directamente a enfermería”, indicó Russo, que confesó luego que en la Unidad 9 no le dieron medicamentos, sino que por ser nuevo lo llevaron directamente a “los chanchos”, donde le practican torturas físicas y psíquicas..

 Sobre el lugar de detención, confesó que había un gran asiento como una cama de cemento para tomar agua tenía que tomar durante  dos veces por día desde la letrina. “Nunca vi médicos en ese lugar de la enfermería y tampoco en los chanchos, y cuando me golpearon en la planta de los pies tampoco puedo ver quienes me golpean porque me  hacían poner boca abajo”.

 El testigo luego fue trasladado a  la cárcel de devoto el 15 de noviembre del 1978 para volver a la Unidad 9 en  la navidad del 1978, donde pasa a la legalidad.

Ante preguntas de la querella sobre otros detenidos en los calabozos de castigo el testigo concluyó: “Se escuchaban los gritos aterradores de otros castigados” 

 La audiencia continúa mañana martes a partir de las 10 horas.

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El Tribunal no dio lugar al pedido de la defensa

 Es  sobre la nulidad de la ampliación de carátula a los tres médicos semanas atrás. Por lo tanto sigue todo como estaba. Declaró el primer testigo de la jornada. Continúa la audiencia en la Ex – Amia con la presencia de un centenar de jóvenes.

 POR SECRETARÍA DE PRENSA

APDH LA PLATA

 PRIMER INFORME DE LA JORNADA

 (23AGOSTO2010) Un día nublado con la intensa humedad que caracteriza a la ciudad de La Plata daba cuenta de la presencia de jóvenes de la secundaria. Ahora tienen la misma edad de aquellos que pelearon por sus derechos y fueron oprimidos en lo que se recuerda como “La Noche de los Lápices” hace más de treinta años.

 Hoy presenciaron los relatos de hechos atroces cometidos en la Unidad 9 en dictadura.

 Fueron varios minutos de espera porque el primer testigo no llegaba. A las doce del mediodía los murmullos dejaron de escucharse y la presencia del Tribunal calló todas las voces, para dar comienzo a una nueva audiencia luego de dos semanas.

 En primer lugar se dio lugar al ofrecimiento de prueba respecto de la resolución hace dos semanas sobre la detención de los médicos. El Doctor Petorozzo de la defensa planteó la nulidad de la resolución por el cambio de calificación y ampliación de la carátula porque “violan distintas leyes de la Constitución Nacional”.

 La Fiscalía no estuvo de acuerdo con los planteos del abogado y hubo que esperar un cuarto intermedio para escuchar la resolución del Tribunal.

 Luego de veinte minutos de espera, el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Número 1 de La Plata no dio lugar al pedido de la defensa, que era la nulidad de la ampliación de carátula a los médicos.

 El primer testigo conmovió a los presentes

 A la una de la tarde comenzó a declarar Antonio Miranda, quien fue detenido en San Juan en enero de 1976. Después de pasar once meses en un penal de aquella provincia fue trasladado en un avión Hércules a la Unidad 9 junto a otras personas como por ejemplo Capella, Acosta y Ávila. “Éramos aproximadamente 300 personas. Veníamos apretados y fuimos brutalmente golpeados”, recordó.

 Cuando los detenidos pensaban que se iba a solucionar la violencia porque veían médicos, el ingreso a la Unidad 9 fue en base a golpes,. “Se dio todo lo contrario. Llegamos a los calabozos golpeados”.

 El testigo argumentó que los calabozos eran fríos en invierno y en verano. “Era siniestro y adentro no tenían nada. Solo nos daban un colchón con frazada de noche” dijo.

 Cuando fue blanqueado pasó a los pabellones y se alojó en el número 9 donde no tuvieron ningún beneficio, ni siquiera la posibilidad de “tomar mate”.

 Como tantos otros detenidos, Miranda sufrió la requisa del 13 de diciembre. Estaba en la misma celda junto a un compañero cuando en horas de la mañana vieron pasar a gente que corría. “A los 10 minutos hubo una requisa tremenda, con muchos golpes. Solo era maltratar y pegar. Era como el callejón de los naranjos donde uno pasaba y ligaba de todos lados”, confesó.

 Tres veces tuvo que soportar las torturas y tormentos en los pabellones de castigo, llamados “chanchos” por los detenidos. “Eran causas inentendibles, no se podía hacer nada. Éramos obligado a hacer flexiones y todo tipo de gimnasia”, mencionó, y agregó que además lo golpeaban con zapatillas en la planta de los pies.

 Luego, el silencio. El momento de pausa que paralizó a jueces, abogados, policías y todos los jóvenes que estaban en la sala. “Me pongo mal porque fueron momentos muy duros”, dijo el testigo ante la atenta mirada del Tribunal, que le ofreció parar cuando sea conveniente.

 Sin embargo, Miranda tomó fuerzas y siguió con la declaración. Contó que los torturadores eran empleados y recordó  especialmente a dos de apellido Fernández sumado a  otra persona que le decían “el nazi”, ya  que imponía terror por su característica física y apariencia similar a las autoridades alemanas.

 Además, el ex detenido contó que en una oportunidad en que fue torturado había cadetes jóvenes de su misma edad y se los entrenaba para torturar. La odisea duró hasta 1979 donde fue liberado para pasar a ser uno de los tantos exiliados políticos en Suecia.

 Como un recordatorio de lo que sucedió y un mensaje de “Nunca más”, este es un fragmento implícito de lo que dijo el testigo en la jornada de hoy.

 “Es muy feo convivir con lo que pasó. Los presos que fuimos torturados y desaparecidos por pensar distinto. El torturador no se como puede vivir al pensar estas situaciones. Nos quemaron con cigarrillo, nos picanearon, no golpearon en la cabeza con bolsas de arena. Tratamos de olvidar. Este tipo de tortura física y psicológicas fueron mayores a personas como Cabral o Aquaviva donde lo tenían una semana. Los volvieron locos, le pegaban por pegar. Los maltrataron como quisieron”

 Para dejar en claro en plan sistemático y coordinado entre las distintas fuerzas, Miranda vio militares dentro de la Unidad 9.  “Creo que nos visitó Camps un día domingo. Lo recuerdo porque jugaban River y Boca y no pusieron el partido porque llegaban militares. La gente del ejército habló con nosotros. Nos preguntaba la ideología y demás cuestiones”, completó.

 Por último el sanjuanino recordó el día en que lo llevaron a Cabo y a Pirles para “asesinarlos” ya que a ellos los llevaron a un cuarto y les pegaron “sin motivos”:

 

Invasión a Las Islas Malvinas, el 28 de Setiembre de 1966, “Dardo Cabo, Operativo Condor”.

Autor: Osvaldo Gasparini
Memorias de Sierra chica, Caseros, la Plata U9

En el Penal de Sierra Chica Provincia de Buenos Aires, cuando nos prohibieron hablar de celda a celda, Dardo nos contó a los del pabellón de enfrente acerca del Operativo Cóndor, cuando aterrizaron en las Malvinas, el 28 de septiembre de 1966. Hacíamos como los sordomudos.

 Hablábamos con las manos. Él relataba y nosotros preguntábamos. Allí me enteré de algunos pormenores que no sabía, como que prepararon todo con tiempo, obteniendo información de gente que había visitado las islas y de un cura que vivió un tiempo allí. Dardo Cabo contaba que tomaron el avión a Ushuaia como turistas, con su mujer, María Cristina Verrier, una ex actriz, que era hija de un juez de la Corte Suprema de Justicia y funcionario del gobierno de Arturo Frondizi.; Héctor Ricardo García, de Radio Colonia y el diario Crónica , por aquel entonces; y Alejandro Giovenco, que después se fue con las Tres A participando en la masacre de Ezeiza, hasta que le explotó una bomba que llevaba en el portafolio. En total eran 18 argentinos, muy jóvenes todos, menos de 30 años. Dardo era el jefe del comando; la mujer, en el tercer orden.

Dio la casualidad de que en el avión, a la compañera de Dardo se le sentó al costado el gobernador de Tierra del Fuego, que tenía jurisdicción sobre las Malvinas. En un momento el tipo le dijo que sería un orgullo para el país recuperarlas. Y ella le respondió que no se hiciera problema porque estaban tomando el avión con ese propósito. Este personaje, que si mal no recuerdo era el Contraalmirante José María Guzmán , no lo podía creer. Cuando aterrizaron, quedaron inmediatamente rodeados. Pero descendieron del avión y desplegaron siete banderas argentinas. Tenían previsto tomar la residencia del gobernador inglés y ocupar el arsenal de la isla, mientras se divulgaba una proclama radial que debería ser escuchada en la Argentina. El objetivo no se pudo cumplir porque el avión, de 35 mil kilos, se enterró en la pista de aterrizaje y quedó muy alejado de la casa de sir Cosmo Haskard. Dardo no quería que lo detuvieran bajo las leyes inglesas. Mientras, negociaban con los británicos con intermediación de un sacerdote católico que vivía en Puerto Stanley, Rodolfo Roel. Al anochecer, Dardo le solicitó al sacerdote Roel que celebrara una misa en la nave, luego los muchachos descendieron del avión y los 18 jóvenes cantaron el Himno Nacional. Ya después, Dardo Cabo ve en la cabina una ficha con las atribuciones del comandante del avión en situaciones extremas . La nave, además, fue rodeada por varias camionetas y más de cien isleños, entre soldados, milicianos de la Fuerza de Defensa y nativos armados. Y allí se le ocurre hacerse arrestar y entrego las armas al comandante Fernández García, única autoridad que reconocieron, considerando la acción como realizada en territorio argentino. Descendieron y los kelpers los trataron bien. Pero cuando llegó el buque Bahía Buen Suceso enviado por el dictador Onganía, los cagaron a palos. Después los juzgaron, condenándolos a tres años de prisión por tenencia de armas de guerra, confinándolos en la cárcel de Ushuaia. Pero sólo a los tres más comprometidos: Cabo, Giovenco y Rodríguez, por los antecedentes políticos y como militantes de la Juventud Peronista. Al resto, a 9 meses. Se comentó que Dardo se casó en la cárcel con María Cristina Verrier el 22 de noviembre de 1966 y tuvieron una hija. En cuanto al objetivo político del operativo, Dardo explicaba que se propusieron desenmascarar el falso nacionalismo de la dictadura de Onganía, que contaba con un cierto apoyo de algunos sectores peronistas. Si a ellos los metían en la cárcel por querer recuperar las Malvinas, se ponía en evidencia que Onganía no era un verdadero nacionalista. Y eso lo consiguieron. Lo que les falló fue un atentado paralelo en Buenos Aires contra un noble inglés, que salió ileso.

No hace muchos llego a mi conocimiento una anécdota increíble que se relaciona con esta aventura, que un intelectual al que tengo el gusto de conocer relata de esta manera:

“Yo en 1966, estaba haciendo el primer año de filosofía. Me encontraba en un seminario de los curas franciscanos-capuchinos. Vivíamos en una quinta de la localidad de San Miguel y nuestro director era el sacerdote Antonio Puigjane. Un día, cerca de las 15 horas estábamos jugando al futbol, en un descanso de nuestros estudios. La quinta era muy grande y la cancha de futbol quedaba como 50 o 60 metros del portón de entrada. En un momento, vimos que una pareja de dos jóvenes golpeaban las manos en el portón. El cura me pidió que los atendiera. Fui, era un joven cuyo rostro no recuerdo y una chica, hermosa, muy linda. Ahí me dijeron: queremos ver al cura, nos queremos confesar!!! El pedido era insólito, pues esa zona donde estábamos, era una zona de muchas quintas, con muchos estudiantes de congregaciones religiosas. El cura los atendió y volvió como a la hora. Al momento de la cena, todos le preguntamos, quienes eran, ya que yo había contado a mis compañeros sobre la belleza de la joven. No se, dijo el padre Antonio, era una pareja que deseaba confesarse porque iban a tomar las Islas Malvinas…!!! Obviamente no le creímos y seguimos con nuestras cosas. Cuando vi la foto de la chica en la revista Gente muy conocida en Argentina…indudablemente era ella…la compañera de Dardo Cabo. Siempre me acuerdo de esta anécdota…”

Dardo Cabo era militante de conocida familia peronista, el padre había sido custodia de Juan Domingo Perón. Fue fundador de los Descamisados, cuyos nombres identificaba con la notoria actividad pública que habían desarrollado. Nos conocimos en los pabellones de Sierra Chica. Dardo siempre tenía presente la fuga. En los recreos decía: “Fíjate, con un helicóptero en el medio del patio, nos vamos todos”. Aunque después agregaba que la zona estaba rodeada de cuarteles y que iba a ser difícil huir. Para él había que rajar de la cárcel. Y si no se podía, repito, había que estar lo mejor posible y resistir.

Recuerdo con exactitud cuando tuve el periodo de adaptación al encierro y no me sentía bien de salud. El Flaco Dardo Cabo, que estaba en el pabellón de enfrente, en la primera celda diagonal a la mía, se daba cuenta. Siempre tenía un gesto, preguntaba gritando, alguna palabra de aliento. Cabo era un ejemplo a seguir humanamente en las “tumbas”. Durante las requisas te hacían levantar los brazos para palparte. El Flaco no podía subirlos de tanta “picana eléctrica” recibida; pero seguía metiéndole para adelante, pensando en los demás. Hasta las autoridades penitenciarias lo respetaban. Los militares lo asesinaron en La Plata.

A Dardo Cabo y Roberto Rufino Pirles, los sacaron engañados del Penal de la Plata Unidad 9 para un trámite judicial. Hasta esa fecha el 6 de enero de 1977, no había pasado nada raro. Se dejaron llevar sin resistencia, hasta que fue demasiado tarde y les pusieron las esposas. Fueron ejecutados en la ruta 215 km 56 de la localidad del Coronel Brandsen, paraje conocido como Samborombón es una ruta que lleva a Sierra Chica, lugar de su supuesto destino. Tenían 40 disparos de FAL por la espalda. Lo fue a reconocer el padre de Emiliano Costa, que era comodoro. Fueron los primeros fusilados de una larga lista entre compañeros y familiares. A la fecha se realiza el juicio U9, donde los principales responsables de torturas, supuestas fugas, ejecuciones del “Pabellón de la muerte” y demás les dictaran la sentencia en poco tiempo.

Pedido de detención para los médicos

 El fiscal Molina solicitó al Tribunal que se modifique la calificación legal de los delitos atribuidos a  los médicos  imputados por lo que sucedió en Unidad 9 en dictadura. “Son  autores, cada uno de ellos, de las torturas y la muerte de Alberto Pinto”, expresó.

 POR SECRETARÍA DE PRENSA  APDH LA PLATA

 (9AGOSTO2010) Tras un cuarto intermedio, la audiencia del día lunes se reanudó con un pedido de la fiscalía. El Doctor Marcelo Molina requirió ante el tribunal y las partes  la modificación de la calificación legal  respecto al grado de responsabilidad de los tres médicos imputados, quienes prestaron servicios en la Unidad 9 durante el proceso militar.

 Los testimonios escuchados durante el debate oral, son el soporte en el que se basa la fiscalía para requerir  se modifique la calificación legal que venía sosteniendo el Ministerio Público Fiscal de coautoría del delito de omisión de evitar la comisión de torturas seguidas de muerte por parte de un funcionario público que tuviese competencia para ello, en los términos del artículo 144 cuarto inciso 1ro. del Código Pena, según ley 23.097, por la de autor –cada uno de los médicos-, del delito de torturas seguidas de muerte conforme el art. 144 ter ley14.616.    

  Según Molina, con la información que se desprende de los distintos médicos que han testimoniado en el juicio, se puede señalar que Luis Domingo Favole, Enrique Corsi y Carlos Jurio fueron autores en virtud del quebrantamiento del deber de las torturas y la posterior muerte del preso político Alberto Pinto.

Para la fiscalía, los médicos incumplieron sus deberes vinculados al rol social especial del que eran portadores, en tal sentido eran responsables  y estaban a cargo en la unidad penitenciaria de la salud y el cuidado de los presos”.  Molina considera que  tenían un   “status especial” ya que eran funcionarios públicos y médicos, en ese orden de ideas “tenían el deber de garante”, señaló, siguiendo la categoría de delito de infracción de deber.

Por lo expuesto anteriormente, la fiscalía solicito al Tribunal la detención de los tres médicos quienes hasta el momento comparecen a juicio en libertad, atento la mayor gravedad de la calificación de los delitos enrostrados cuestión que permite inferir un peligro de fuga.

Luego tuvo la palabra  Carlos Moisés Pinto, hermano de la victima y parte de querella, quien adhirió a los conceptos presentados por la fiscalía haciendo, por su parte, múltiples consideraciones en torno a la responsabilidad de los profesionales médicos.

El doctor Pinto afirmó que los médicos “no podían desconocer lo que sucedía en la cárcel y  habilitaban la tortura permanentemente”, explicó.

Por otro lado, señaló que no es casualidad que la mayoría de los médicos entraron a la cárcel en el momento de mayor represión de la dictadura. “Estas personas tuvieron siempre la oportunidad de sacarlo de la celda y nunca lo hicieron”, manifestó Pinto en referencia a la situación que padeció su hermano Alberto.

“Es por ello, que considero que los señores médicos deber ser detenidos a partir de este cambio de calificación”, concluyó.

El Tribunal dispuso un  cuarto intermedio hasta mañana a las 10 de la mañana para que la defensa elabore una respuesta y, luego de tener la posición de ambas partes, se resolverá las medidas a seguir.

 El doctor  Oscar Rodríguez integrante de la querella y  representante de la APDH  La Plata adhirió a lo propuesto por la fiscalía no sin antes sostener que el cambio de calificación legal no alteraba los hechos por lo que el principio de congruencia estaba salvaguardado, afirmando, por último, que esa querella sostiene la posibilidad de efectuar acusaciones alternativas en tanto se respete los hechos por los que los imputados han sido indagados.

“El retrete de los presos estaba tan limpio que podían comer ahí”

 A las 11:22 empezó la audiencia del lunes 9 de agosto con más de la mitad de la sala llena. En primer lugar hubo cuatro pedidos de la defensa a cargo del Doctor Sisterio que fueron denegados por diferentes causas a través de Tribunal  presidido por el Juez Rosansky.

Sisterio planteó luego un recurso de reposición y recurso extraordinario federal. “las cuatro resoluciones no hacen lugar con que no tienen relación con el proceso. Dicha aseveración es una resolución inmotivada. Hay violación al derecho de la defensa y son decisiones arbitrarias”, argumentó el abogado.

Minutos después pasó a la indagatoria el imputado Carlos Domingo Jurío, a sus 68 años de edad. La acusación que le persigue según él es “negativa” porque no ha hecho nada que esté bajo su criterio de ley a “hacer algo fuera de la ley”.

Se lo vio con una tonada fuerte y  una postura defensiva a cada momento, tratando de contrarrestar y dejar en claro que en ningún momento vio torturas ni tormentos dentro de la unidad. “Los detenidos me decían que las heridas eran por caídas o accidentes personales”, dijo, y agregó: “el retrete que usaban los presos estaba tan limpio que hasta podían comer en él”.

Jurío según aseveró da clases en diversas entidades y posee una importante deuda económica por la crisis del 2001. Tras recibir preguntas por parte de jueces y abogados, dijo que su conciencia está tranquila y relajada, y con respecto a su labor en Unidad 9 en 1978 expresó: “Yo solo hacía una guardia de 24 horas los días sábados. No conozco una comisaría, no he tenido un roce con nadie, me he dedicado nomás a trabajar. No tengo de qué avergonzarme”.

Hay un factor clave en la causa que está determinada por la atención médica que recibió el detenido Alberto Pinto días antes de morir en 1978. El sábado 19 de noviembre Jurío lo atiende. “debido a la mala luminosidad de la celda lo traslado al pasillo, lo interrogo, no le encuentro signo de foco. Es decir algo puntual”, mencionó al respeto, y completó tiempo después: “El epiléptico mientras está debidamente tratado tiene una vida normal al resto de los mortales”.

La pregunta que se hicieron los jueces y abogados de la querella es si Pinto tenía un estado normal, porque los expedientes del día siguiente dicen que el paciente tenía hematomas en todas partes del cuerpo y poseía un estado de deshidratación evidente junto a un empeoramiento de su estado.  “La celda era de limitación de libertades, pero jamás he visto castigar a nadie en mi presencia”, indicó el imputado, quién dejó en claro que Pinto estaba en condiciones de estar en las celdas pese a los constantes ataques epilépticos.

A continuación un fragmento del interrogatorio realizado por la defensa al imputado

–         ¿En su condición de médico de Unidad 9, cuando se dirigía a los calabozos de aislamiento tenía conocimiento de los apellidos de los detenidos?

–         Iba a ver patologías, no iba a ver apellidos.

–         ¿Podría informar cuál fue el período que prestó servicios?

–         Mas o menos un año y monedas. Debo haber entrado seis , siete meses antes del hecho mencionado en noviembre.

–         ¿Usted en cada guardia iba a los chanchos?

–         Sí, los conocía desde hace tiempo.

–         ¿Podría referirle al tribunal si ha tenido oportunidad de conocer los calabozos en pabellones?

–         Los tamaños eran similares con los chanchos. Había diferencia con el tema de los beneficios como era recibir manta o colchón. Los inodoros estaban tan limpios que hasta podían comer ahí.

–         ¿Cuándo usted revisó a Pinto le palpó el abdomen?

–         Afirmativo, estaba normal, sin signo de focos. Por inercia le examiné el abdomen.

La soledad del dictador Jorge Rafael Videla

Por Osvaldo Gasparini, Ex preso político.

La apariencia tranquila en la cárcel de Bouwer, Cordoba. Todo asesino que tiene un trato preferencial aparenta armonía. Pero no es cierto, no creo que se le haya pasado por la cabeza que estaría preso tanto tiempo. Las rejas aunque sean de lujo, con dieta à la carte, celular, un trato de “una señorita” y con “visita higiénica” rejas son. Una cárcel es una prisión y este asesino sale al patio a caminar solo. Hay que imaginar la soledad, seguro que lo carcome y le hace mella, ya que es un viejo de más de ochenta años con algunas enfermedades. Al cerrarse la celda y sentir en su espalda el vientito del portón que lo inserta en el infierno, tiene la oportunidad de encontrarse con sus fantasmas. La falta de libertad se nota, se siente, se está preso de todas maneras y se le pasaran por la cabeza un montón de acusaciones durante esos días torturantes e interminables.

El dictador deja sus documentos, las llaves y el “teléfono”, cuando sale a caminar. Dicen que no hace nada, no habla con casi nadie y no va a Misa, costumbre que siempre cultivó para justificar las desapariciones. La potencial compañía de sus camaradas militares es de terror, todos con el mismo perfil: Gustavo Alfolfo Alsina (el responsable de la muerte de Moukarzel estaqueado, torturado y asesinado), Vicente Meli, Carlos Ibar Pérez, Mauricio Carlos Poncet y Enrique Pedro Ruiz y Osvaldo Quiroga (que dio la orden de fusilamiento para tres compañeros: Hugo Vaca Narvaja, Higinio Arnaldo Toranzo y Gustavo Adolfo De Breuil) y Mones Ruiz (que dio la orden por medio de el cabo Miguel Ángel Pérez para dispararle a la cabeza al compañero Bauducco).

Dicen que el dictador Videla tiene varios libros en la celda, no creo que pueda leer, quizás para dormir. Además usa “traje”, no uniforme de delincuente y se mueve con toda libertad con las rejas abiertas por el pabellón, en esa prisión que se parece más a hotel que a cárcel. Mira la Televisión y comparte el banco con los compañeros de represión que siempre tienen alguna anécdotas de esas de películas prohibidas, no de ficción sino con tortura, desapariciones y muerte de por medio.

La comida tiene la aceptación de un buen “Nutricionista” y los días de audiencia salen las viandas de aluminio con cubiertos descartable, botella de agua mineral, pan y frutas. Como es diabético y como dicen que tiene cáncer de próstata tiene platos diferentes cada día de semana y por eso se le mandó el lunes peceto hervido con ensalada de tomates, lechuga, remolacha y papas. Si la vianda no llega a tiempo el general se entra enloquecer, le sale el milico autoritario, los familiares corren a la búsqueda de algunos sándwiches de miga y bebidas para compensar…

Yo como ex preso político estuve 3000 días en prisión, conozco los sinsabores de “las tumbas” en celdas de castigos “chanchos” en siete oportunidades. Desnudo, a los golpes, agua fría en pleno invierno. Nosotros sobrevivimos, éramos jóvenes que luchábamos por una causa justa no como estos asesinos. Pero este viejo genocida no tendrá fuerzas aunque este en una jaula de oro porque el enemigo más grande que padece es el temor de morir en prisión…

 

 

Un juicio que empieza su recta final

 

En la vuelta a los testimonios luego de quince días declararon entre otros  la socióloga Daroqui y  la ex esposa de Jorge Taiana, quién contó la gestión que realizó el periodista Rodolfo Walsh para evitar males mayores en el penal. El lunes tomarán la palabra los imputados Jurío y Rebaynera.

POR SECRETARÍA DE PRENSA

APDH LA PLATA

(3AGOSTO2010) Cada vez son menos los testigos que quedan para que los once policías y tres médicos acusados de crímenes de lesa humanidad en la Unidad 9 durante la dictadura sean juzgados por el Tribunal presidido por el Juez Rosansky. En la jornada de hoy se sumaron nuevos aportes de detenidos, testigos directos y la especial mención de la una socióloga de basta trayectoria en la investigación de las cárceles.

  “Rodolfo Walsh me dio un contacto clave”

 Graciela Iturraspe es la ex – esposa de Jorge Taiana y fue la anteúltima en declarar en la jornada del martes. Fue detenida en 1975 junto a el Ex Canciller de la Nación y su hijo de un año de edad, mientras estaba embarazada. Estuvo diez  horas en Coordinación Federal, donde le dijeron “que no iba a sobrevivir más allá del mes”, pero luego fue liberada.

En febrero de 1976 nace su hija, y a principios de abril es detenido quién era su suegro, el Doctor Jorge Taiana (padre del ex – canciller). La testigo contó en su declaración que su hijo cuando tenía cuatro años decía: “voy a estar preso como papá y mi abuelo y voy a esperar que vos me visites”.

A partir de  1977 la madre del detenido Ricardo Roodriguez Saá le relataba a Iturraspe los hechos tal como lo decía su hijo, y además tenía relación con la mamá de Julio Urien.

“Además de la brutal requisa del 15 de diciembre de 1976, la primera semana de enero de 1977 se lo llama a Dardo Cabo y a Pirles”, expresó la testigo. Luego esgrimió: “Fueron llevados de manera brutal. Nos quedamos con una situación de inquietud que se reveló el día siguiente cuando nos enteramos que aparecieron muertos”.

A fin de enero son secuestrados Julio Urien y Juan Rapapport. Tiempo mas tarde lo matan a Angel Georgadis. Esto provocó que la testigo gestione una entrevista con Monseñor Tortolo para que vaya a visitar a los presos a la Unidad 9. “Me prometió interceder y dos días después fue a la Unidad Penitenciaria. Por teléfono me dijo que había estado con los capellanes de la cárcel”, agregó.

La situación provocó la atención de los presentes en la sala de la Ex Amia cuando Iturraspe cuenta que a través del recordado periodista Rodolfo Walsh hace un contacto con un periodista de Washington Post .

En el encuentro le relata los hechos y da la lista de los nombres de compañeros que estaban en los pabellones. En la primera quincena de febrero de 1977 se publica un artículo en página impar en parte inferior. Allí se denuncia la aplicación de la Ley de Fuga en la Unidad 9 y publica el nombre de los compañeros asesinados y los que aún quedaban allí. “Fue importante para evitar una posible masacre mayor”, indicó Iturraspe.

La liberación de Taiana y los efectos

“Tardamos tiempo en hablar de vivencias muy duras. Tras dos años de convivencia nos separamos. Nos costó encontrarnos como pareja y como familia”, mencionó la ex esposa de Jorge Taiana.

A principios de noviembre de 1982 le dan libertad vigilada, y a las semanas tocó el timbre de su  casa a la noche. “Durante todos esos años solo lo había visto en una ventana de vidrio y había perdido 30 kilos. Se le caían los pantalones”, arguyó la testigo.

Fueron varios años de detención en el que el padre de Graciela le enseñaba a Taiana los billetes porque habían cambiado dos veces en su diseño.

“Había mecanismos de humillación”

La socióloga Alcira Daroqui prestó declaración ante el Tribunal presidido por el Juez Rosansky y dejó impregnado sus pensamientos como una persona que investiga hace 22 años el sistema penal argentino y lucha por la vigencia de los derechos humanos con trabajos empíricos que aportan conocimiento e información.

En mayo había estado en la Cátedra Libre de Derechos Humanos que realiza la APDH La Plata en la Universidad Nacional de La Plata.

En su testimonio dejó en claro el sistema ejecutado por las fuerzas militares y policiales en la época de la dictadura como un vínculo de complementariedad. “Había dos regímenes: uno para presos sociales y otro para presos políticos”, afirmó la socióloga.

En su definición de tortura, la calificó como una práctica sistemática, regular y de intensidad física y psíquica con la intencionalidad de producir sufrimientos. Las más tradicionales fueron las de submarino seco, húmedo, golpizas y los correspondientes intentos de ocultamientos por parte de los ejecutores.

Al referirse al contexto hizo especial hincapié en la “construcción del enemigo” por parte de los integrantes del gobierno de facto, por el cual no debía tener derechos, no podía ser víctima y se debía marcar una simetría. “La intención era producir subordinación, mecanismos de humillación y el quiebre hacia el no sujeto”, declaró Daroqui.

Luego destacó tres finalidades de la tortura en las cárceles. Uno de primer grado, “conservadora”, para sacarle información a las víctimas; otra de segundo grado para marcar simetría entre unos y otros al definir el territorio; y la tercera en la interpretación de la cárcel como un “laboratorio” relacionado al positivismo criminológico en las prácticas violentas.

“Pensábamos la muerte a cada momento”

Hugo Santiago Colaore fue detenido el 13 de enero de 1976 y estuvo un mes desaparecido. “Pasé 15 días sin comer y tres sin tomar agua”, confesó. Luego fue legalizado en Devoto; en julio de 1976 llegó a Sierra Chica y arribó un año después a la Unidad 9 de La Plata.Vale destacar que el testigo era militante de la Juventud Peronista y de Montoneros.

Tras estar entre dos y tres días incomunicado dentro de la unidad, fue llevado con patadas y golpes de puños  al pabellón 16 A denominado “La Siberia”

Según manifestó Colaore, a los 10 días se empieza a sentir el régimen represivo, y va por primera vez a los chanchos supuestamente por pasar “mal” los platos de comida a los policías. “No había un régimen en el cual teníamos que portarnos de una forma, no había una regla fija. Podía ser por tener botón desabrochado, por saludar, por dormir en horario indebido” agregó al respecto.

           Al momento de recordar a algunos de sus compañeros, mencionó a Sallago y Domínguez que provenían de Córdoba; a Gustavo Herrera de Tucumán y Zapata en el cual compartieron celda.

            Las torturas y tormentos abarcaban patadas, piñas, trompadas y amenazas. Los  casos a destacar eran el de las zapatillas en la planta de los pies, la intromisión en la lluvia fría en invierno de la ducha, para finalmente dejarlos tirados, desnudos y mojados en el piso de la celda. 

            Estas situaciones atroces llevaron a que el testigo contraiga una enfermedad para el resto de sus días, como lo es una bronquitis asmática la cual “nunca se pudo recuperar”.

Como la mayoría de los testigos que declararon en un juicio que lleva cuatro meses de desarrollo, Coraole pasó por las celdas de castigo (“Chanchos”). “Perdíamos la noción del tiempo. Solo cuando traían algo de comida imaginábamos un horario”, dijo el testigo, y agregó: “Todas las noches sabíamos que alrededor de las nueve mataban a palos a un compañero, era una tortura física para las víctimas y psíquica para los compañeros”.

Los médicos, los penitenciarios y las visitas

Cuando salió por primera vez el testigo pidió médicos, tardó cuatro días en recibir atención y solo recibió una pastilla. “Me dijo que no tenía nada pero ni me atendió. Ahora tengo bronquitis asmática de por vida”, expresó.

Los momentos oscuros sucedidos en el penal parecen encaminarse a los responsables. Porque según declaró Coraole el oficial Guerrero le pegó fuertemente, y  el imputado Basualdo  “era famoso por el teléfono que nos hacía (golpes en los oídos)”. El “machado” Fernández y el nazi Rebaynera fueron otros de los señalados.

En las celdas de castigo todos fueron golpeados, inclusos los presos comunes argumentó el testigo. “Los presos políticos recibían golpes en el estómago y en la espalda. Los presos comunes lloraban, pedían más clemencia” sentenció, con el caso particular del compañero  Luis Salinas el cual se la pasaba yendo a los chanchos.

Hasta 1979 Caraole estuvo en la Unidad 9, trasladado a Caseros un año y medio. Sin embargo en una segunda etapa volvió con un grupo grande en 1980.

En cuanto  a las visitas de los familiares al penal, las calificó de “vejatorias”, ya que los hacían desnudar y los humillaban. “Además secuestraron a mi mamá, mi tía y mi suegra. A todas le practicaron torturas para buscar información sobre una compañera”, explicó.

Este es un fragmento auténtico de lo que declaró Caraole:

La Unidad 9 fue donde recibí la mayor cantidad de golpes, de tortura psicológica, de compañeros que sacaron y mataron como Domínguez. Vivíamos en un estado de tensión en el cual pensaban lo peor. Pasando la tercer o cuarta reja íbamos a gritar “Viva la patria, vivan los Montoneros”, ante la posibilidad de la muerte.

Como muchos de los detenidos, recibió la visita de Teniente Coronel Sanchez Toranzo para ver si sabía algo de sus compañeros. “Estamos esperando que caiga gente para que sepamos de vos”, le dijo y le pidió luego que subscribiera un arrepentimiento. “No soy terrorista, soy peronista y no me arrepiento de eso”, contestó.

Vale agregar que el próximo lunes declararán por primera vez imputados a partir de las 10. Serán los casos de Jurío y Rebaynera.

En el nombre del Padre

Juicio a la Unidad 9

EN EL NOMBRE DEL PADRE 

El ex capellán, Elías Musse fue uno de los tantos sacerdotes víctima del terror implantado en la Unidad 9.Recordó que a uno de los guaricárceles le decían el nazi ya que por su actitud “no hubiese desentonado en Auschwitz”.También se escucharon los testimonios de otros tres testigos.

  Por Secretaria de Prensa y Difusión APDH La Plata.

 (12dejulio2010) Dio inició a la audiencia del día lunes el testigo Carlos Fernández Castillo quien fuera solicitado a presentarse ante el Tribunal por la defensa del señor Abel David Dupuy.

Fernández Castillo, afirmó que se desempeñó en la Unidad 9 como módico anestesiólogo. Enfatizó que el servicio que cumplía era irregular: “trabajé en la Unidad 9 de La Plata, en la Unidad nº 1 de Córdoba,  la Unidad Penal de Batán. Prestaba servicio cuando había una actividad quirúrgica”. En relación al periodo que trabajó, el testigo dijo haber desempeñado tareas desde el año 1976 hasta retirarse en el  año 1990.

Con respecto a la muerte de Albero Pinto, el testigo afirmó no haber  participo en ninguna operación quirúrgica:” Yo sólo tenía relación con el con el cirujano que programaba la operación en las distintas unidades carcelarias”, concluyó.

 “Que aquellos que siempre han tenido recursos sepan reconocer que hay gente que vive en la miseria”

 Ese es uno de los deseos de Elias Musse, sacerdote que estuvo detenido en la Unidad 9 y quien se sentó en la silla de los testigos para brindar su testimonio.

 El testigo comenzó su relato mencionando que en el año 1976 se desempeñaba como parroco en San Vicente de Olavarria. Para ese momento,  tenía militancia en el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, “en la época que las parroquias convocaban a los jóvenes de la región a la participación y militancia”.

Gracias al Monseñor Marengo, el testigo se entera que lo iban a secuestrar y, por esa razón, escapa a la casa de su madre en la ciudad de Mar del Plata.

En referencia a los lugares en donde estuvo detenido, recordó haber pasado por la Unidad de Sierra Chica, donde tuvo una estadía muy breve, Villa Devoto, para luego si, llegar  a la Unidad 9 de La Plata donde permaneció 7 años. Encapuchado y con las manos detrás, de esa manera arribó el testigo al Penal. Luego del ingreso, fue alojado en el  pabellón Nº 13.

 Hizo mención a la requisa del 13 de diciembre la cual describió como “una requisa generalizada en donde nos sacaron a todos. No podíamos levantar la cabeza y, mientras estábamos en esa posición, nos pegaban”. Palabras del testigo que dejan al descubierto el brutal cambio de régimen que se vivió a finales de 1976. Luego de ella, al testigo lo cambian al pabellón Nº 4 junto con el resto de los sacerdotes “Todos estábamos por la misma razón: pertenecer al Movimiento de curas Tercermundistas”, dijo el testigo a lo que agregó que una vez por semana los sacaban de las celdas  para asistir a misa, él y los 17 sacerdotes que se encontraban alojados para ese momento en la Unidad 9.

De manera elocuente y con documentación en mano, Musee mencionó las razones por las cuales fue enviado en tres oportunidades a los calabozos de castigo.

La primera vez que lo sancionaron fue el 7 de febrero de 1977, para esa oportunidad permaneció 2 días en los “chanchos”. Un año después fue sancionado “por hablar a través de una ventana”. Y la última, el motivo de pasar  4 días de aislamiento fué “por tostar un pedazo de pan adentro de la celda”.

El testigo se refirió a los chanchos como lugares en donde no tenían ninguna pertenencia, y lo describió como “un camastro de cemento con un inodoro en el piso, del cual a veces nos tiraban la cadena”. En relación a las condiciones que allí imperaban, el testigo recordó que llegó a estar 48 hs sin tomar agua.

En relación a ello,  mencionó que las veces que estuvo sancionado nunca fue golpeado, pero que siempre sintió “los alaridos de los compañeros de otras celdas”. “Creo que mi condición de sacerdote tuvo que ver con que nunca me hayan torturado”, dijo el testigo.

 Uno de los momentos más relevantes de su testimonio fue cuando el testigo contó una anécdota que tiene su relación con el asesinato de Dardo Cabo y Rufino Pirles. Previo a estar en el pabellón Nº 4 junto con el resto de los sacerdotes, Musse tuvo un breve paso por el pabellón Nº 1, conocido como “pabellón de la muerte”.

El testigo recordó que estaba jugando al ajedrez con Dardo Cabo, quien en un momento es llamado junto con Rufino Pirles por un guardiacárcel. En ese momento se les informó que iban a ser trasladados y, ante la noticia, la reacción  de Cabo según el testigo “fue de temor” y le pidió que interviniera ya que veía “las cosas muy feas”.Es por ello que Musse llama por el pasaplato al oficial Basualdo para averiguar que era lo que sucedía. La respuesta de este fué que “ese día no se atendían confesiones”. Más tarde se enteró que tanto a Dardo Cabo como Rufino Pirles se les aplicó la conocida “ley de fuga”.

 Llegando al final de su relato, Elias Musse puso de manifiesto ante el Tribunal la visita que recibió por parte de dos personas que “estaban involucradas en la causa” a su domicilio en el año 2007. Esas personas se presentaron como pertenecientes al servicio penitenciario, afirmando que  “no tenían nada que ver “con la averiguación que en ese momento se estaba realizando. Luego de la visita, le enviaron un e-mail con fotos de los supuestos implicados en los hechos ocurridos en la Unidad 9.

Esas fotografías fueron puestas a disposición del Tribunal que evaluará la prueba y resolverá la implicancia que pueda tener en el debate oral.

Luego  Stella Maris Ponce fue quien prestó declaración. La Testigo fue propuesta por el Doctor Gliemmo, abogado de la defensa.

Maris Ponce afirmó ser amiga de la hija de Valentín Romero, que lo conoce hace 18 años tanto a el como a su hija. Dijo que era una excelente persona, y que” siempre  les envidió a la familia”.

Gliemmo solicitó que el tribunal capte una fotografía que tenia la testigo de Valentín Romero de hace 44 años para constatar que “esta exactamente igual que ahora”-

  “Te golpeaban por cualquier motivo”.

 Calvo Alberto Rubén fue detenido el 27 de marzo de 1976 cerca de su hogar. Lo llevaron a la policía de Zarate: “me inmovilizaron, me pusieron algodón en los ojos y me vendaron la cabeza. Me llevaron a un calabozo y estuve allí 3 días”, afirmó al respecto.

Rubén fue trasladado a la fábrica de Tolueno Militar en Campana, y luego fue llevado en una lancha “como van las bolsas de papa, apiladas una sobre otras, a penas podíamos respirar”, dijo. Tras pasar a  un barco junto a grupo de compañeros los subieron en una bodega donde permanecieron alrededor de cuatro días. Según lo relatado, fue el principal centro de tortura de la zona.

Ese lugar se alternaba con la Comisaría Primera de Moreno. En relación a eso el testigo mencionó que estaban “en muy malas condiciones fisicas, lastimados, desnutridos, sucios” antes de ser trasladados en camiones al hospital militar de campo de mayo.

En los últimos días del mes de abril el testigo fue llevado con otro grupo de gente en una gran caravana de camiones y autos con sirenas. Tras pasar por algunas comisarías en el día, por la noche llegan a la Unidad 9 de La Plata.

Arribar a un lugar nuevo era generar más sospechas e intriga por desconocer el futuro de sus vidas. En la unidad penitenciaria le hacen saber a los detenidos de una forma irónica que no les va a ocurrir más nada. “Nos sacamos las vendas, éramos ocho personas, nos tropezábamos, no veíamos nada, teníamos pus en los ojos”, dijo Rubén, quién al día siguiente fue llevado al oculista con golpes en la cabeza y cicatrices por “todos lados”:

Fueron varios los días que tuvieron que pasar para que los recién llegados se dieran cuenta que estaban en una cárcel, con desayuno, almuerzo y recreos.

Vestigios del pasado

 Los detenidos escuchaban ruidos poco comunes, y el testigo contó que compartía la celda junto a un preso común, el cual le dijo que algo iba a pasar. Se escuchaba el ruido de camiones y por el pasillo principal se escuchaban correr mucha gente.

De repente, alguien grita: “cuando abramos las celdas salgan corriendo al patio“, aspecto que provocó la formación de dos filas, de desnudar a los detenidos y de romperle el codo a Rubén. En la audiencia de hoy le mostró al Juez Rosansky ambos codos para apreciar la diferencia por los daños ocasionados.

Las pertenencias de los detenidos fueron robadas por los penitenciarios. “Todo lo que teníamos desapareció. Nos rompieron las fotos de los familiares, y las dejaron rotas bien a la vista para que viéramos lo que habían hecho”, explicó al respecto.

Algo que han dicho varios testigos es la idea de que cualquier aspecto mínimo es motivo de castigo. Por eso Rubén argumentó ejemplos como que si caminabas torcido, armar el colchón al revés o jugar al domino con los compañeros. “Era parte de una tortura psíquica”, arguyó, y agregó: “Luego del 13 de siembre apareció la sensación de que nos podía pasar cualquier cosa”.

Si algo bueno le sucedió dentro de las condiciones infrahumanas vividas y en comparación con otros detenidos, es que el testigo no estuvo en los “chanchos”, pero los recordó por comentarios como “pequeños calabozos de hormigón con una loza que hacia de cama” y “un lugar mas pequeño que una celda común”.

 Cada vez que cambiaban la guardia, las autoridades entraban a los calabozos y les daban una paliza, incluso agua fría en pleno invierno. “Nos afeitábamos con una hoja de Gilette oxidada, y nos decían que era la que nos habían dejado los familiares”, indicó Rubén.

Finalmente, el testigo se refirió al asesinato de su compañero y amigo Juan Carlos Deghi:

“Estamos convencidos de que los que hicieron eso fueron los militares, pero quienes lo planearon fueron otros. Deghi era abogado laborista, su accionar estaba ligado a la promoción de los derechos de los trabajadores, algo que afectaba a ciertos grupos económicos”.

El 24 de diciembre de 1977 fue el día en el que el testigo pudo salir de la unidad carcelaria y recuperar su libertad.